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Cocina Comunitaria

Una tarde con la comunidad compartiendo la esperanza

La comunidad enciende el fogón y se unen para compartir

Ya no se escuchan los pitos que llaman a comenzar los trabajos, ni se ve a la maquinaria trabajando la caña cosechada. Hoy día, la Hacienda La Esperanza es una reserva natural entre la cadena mogotes norteños, valles aluviales, humedales y playas, rodeada de las comunidades cuyos descendientes fueron trabajadores de la caña y de la finca.

Barrios y sectores como La Esperanza, Cantito y Tierras Nuevas, son algunas de las comunidades que aún prevalecen y cuya frecuentemente transcurre en contacto diario con los ecosistemas y las especies de la reserva. Asimismo, sus residentes son los custodios de los recuerdos de sus descendientes, muchos de ellos íntimamente relacionados a la historia de la Hacienda La Esperanza, incluso a las memorias colectivas de los eventos climáticos que han vivido.

Hoy -además de ofrecer sus recorridos para el público general- unas 100 familias de las comunidades vecinas se congregan, dos veces al mes, en la Casa Secadora del recinto histórico de la reserva para participar en lo que han denominado Cocina Comunitaria, acompañada de actividades culturales o musicales.

“Desde el impacto de María estamos compartiendo en solidaridad con las comunidades. En su momento abrimos caminos, les llevamos agua y suministros. Compartir estas tardes con ellos ha fortalecido aún más la relación que tenemos”, aseguró Carlos Torres, superintendente de la reserva y la región norte de Para la Naturaleza, quien custodia y ayuda a proteger este tesoro natural que cuenta con 2,138 acres de extensión.

Tamara Rexach es la encargada de elaborar el menú de estos esperados encuentros comunitarios. Madre soltera y dueña del restaurante La Cocina de Tamara, que ubica en el sector de Tierras Nuevas, Tamara surgió como el enlace perfecto entre los empleados de Para la Naturaleza y las comunidades manatieñas.

“Varios de los empleados de Hacienda la Esperanza almuerzan en mi restaurante a diario y les encanta mi comida. Un día me dijeron: ‘Tamara, ¿te gustaría cocinar para la comunidad?’…y, así comenzó todo. Ya llevamos tres Cocinas Comunitarias; ahora tengo más clientes en el restaurante porque la gente ya me conoce”, confesó la empresaria quien atiende su negocio junto a su madre y sus dos hijas.

El menú de la tarde incluyó pernil asado, arroz con gandules, amarillos y ensalada acompañado del ritmo de los barriles de bomba, timba, güiro y panderos, interpretados por los vecinos y los empleados de Para la Naturaleza.

Más tarde, el artesano de barriles, Rafael Trinidad, brindó un micro taller de apreciación de la bomba puertorriqueña. Durante la charla explicó la diferencia entre los ritmos interpretados en las zonas norte y sur de Puerto Rico, así como los diferentes barriles que se utilizan y las particularidades de la relación entre el bailador y los barrileros.

Los niños jugando en el llano, la cadencia y armonía de los coros y la buena comida, son el asomo de esperanza y optimismo de este histórico sector.