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Árboles arrancados por el huracán María ayudarán a estudiantes

El artista Eddie Ferraioli le dio nueva vida a la madera en una exposición, cuya venta de las piezas irá destinada a un fondo de becas.

Aquellos árboles

ponen a madurar su ir en su venir,

aprendiendo a salir en su llegar…”

Clemente Soto Vélez

El destructivo huracán María, a su paso por Puerto Rico, asoló toneladas de árboles en campos y pueblos, muchos de los cuales terminaron en composta de vertederos y, otros, quemados en hogueras clandestinas. Pero, no todos se perdieron…

Tan pronto comenzaron a documentarse los daños de aquel despiadado y demoledor temporal, el maestro del cristal, Eddie Ferraioli, un defensor de la naturaleza en sus obras de arte, se dio a la tarea de rescatar de los escombros esos árboles que la furia de la naturaleza castigó.

La idea del reconocido vitralista y hacedor de mosaicos, era transformar en piezas de arte lo que el huracán arrancó de sus cimientos. Fueron cuatro años de trabajo que culminaron en una exposición: “Los árboles después de María”, una muestra de impresionantes obras en madera con cristal fundido de Ferraioli, que se exhibió desde el pasado mes de septiembre en la Liga de Arte, en San Juan, con la cual el artista también espera contribuir con becas a estudiantes desventajados económicamente de la institución.

Siempre he tenido un apego muy grande a los árboles, especialmente al de mangó, que era de 40 pies de alto y daba a un balconcito pequeño al apartamento de mis padres en Miramar. Ahí fue que de niño empecé a formar esta relación con los árboles, a enamorarme de ellos y a entender que desde mi casa en el cuarto piso yo podía coger los mangós, mi fruta preferida”, rememoró Ferraioli en entrevista con Primera Hora.

“Una de las tragedias grandes después de María fue que compañías puertorriqueñas y no puertorriqueñas se dedicaron a tumbar árboles que no se habían caído, porque les estaban pagando por vegetación. Pienso que quizás la mano del hombre fue peor que la mano de María, porque aquí se tumbaron árboles vivitos, simplemente, porque los municipios querían cobrar dinero”, subrayó.

Desde el mismo septiembre de 2017, tras el paso del ciclón, el artista y escritor comenzó a recolectar troncos y pedazos de palos de caoba, pterocarpus, roble, almendro y mangó, entre otros, que poco a poco fue restaurando junto a su sobrino, Shannon Ferraioli, hasta dar vida a la madera desechada con coloridos frutos en cristales fundidos. Los primeros trozos los recogió cerca de su residencia en Humacao y, tan pronto puso un aviso en las redes sociales, fueron llegando a sus manos restos de árboles de otros pueblos.

Contó que su deseo de recuperar maderas perdidas del huracán María coincidió con un trabajo que estaba desarrollando su sobrino.

“Él aprendió a tornear madera en una cárcel federal y eso es un ejemplo de rehabilitación. Aprovechó su tiempo y se convirtió en un maestro del torno y de la madera”, dijo para relatar que en el rescate de los palos derrumbados ambos se tiraron a la calle.

Explicó que el trabajo fue difícil por el tamaño y peso de los árboles. “Empezamos a cortar en distintos lugares donde nos llamaron que había un árbol que se pudiera cortar”, sostuvo el artista. Agregó que almacenaron las piezas en un taller que alquilaron en San Juan.

También mencionó que muchas de las piezas están montadas sobre mosaicos “y a esa jornada se unió mi esposa, Mari, quien dice que es una obrera y que lo que hace es seguir instrucciones”. Algunas de las obras de la muestra son: “Uva playera”, “Plátano”, “Berenjena”, “Aguacate”, “Mangó”, “Trinitaria naranja”, “Amapola amarilla”, “Bromelia”, “Pajuil”, “Anturio rojo” y “Descenso del paraíso”. La colección incluye cuatro vasijas de Shannon Ferriaoli torneadas en madera.

Ferraioli reveló que en la elaboración de las piezas utilizó por primera vez la técnica de incrustración del cristal en la madera en tonos “vivos”, rojizos, amarillos y algunos metálicos tornasolados.

“Es integrarlos a ambos, que la madera y el cristal brillen por luz propia, que sean una pieza”, detalló el vitralista. Describió que muchas de las obras tienen mini cristales, “como chispas de luz” y cristales dicroicos, que son “especiales donde la luz parece multiplicarse”.

Esta exposición en particular, sostuvo, surge de ver tantos árboles en el suelo y de la manera en que se menospreciaron porque, siendo maderas nobles, como el guayacán, el almendro y el mangó, muchos de ellos acabaron en el vertedero.

“Aquí hay suficiente tierra y lo que hace falta son unas 10 o 20 cuerdas para crear una industria maderera” sugirió.

Como parte de su trabajo ha tenido contacto con jóvenes que trabajan en los aserraderos del País, a quienes les compra madera.

“Aquí hay tanto talento perdido, tanta juventud que podría dedicarse a eso”, lamentó.

“Me he concentrado en plasmar lo que tenemos y no cosechamos; en el abandono en que se encuentran muchas de nuestras tierras que pueden sostenernos” puntualizó Ferraioli, quien asocia esta muestra, como otros de sus trabajos artísticos, con el refranero popular del País para inspirarse.

“He asociado estas expresiones con los frutos que plasmo en mis obras: ¡Qué tronco de árbol!, !Se formó el berenjenal!, Lágrimas de mangle y No me cojas de mangó bajito”, aseveró.

Pero, además de crear conciencia sobre la importancia de la naturaleza y de nuestros árboles, con esta obra Ferraioli quiso hacer otra aportación para los nuevos artistas que se van levantando en la plástica puertorriqueña.

En un gesto de desprendimiento, el maestro del cristal donará 50% de la venta de la colección a un fondo de becas para estudiantes de escasos recursos de la Liga de Arte, donde él en sus años mozos dio sus primeros pasos. Las piezas que no se vendan irán a una subasta a beneficio de la Liga.

Catorce de las 20 obras ya han sido vendidas y, curiosamente, la pieza más gustada y la que primero se vendió “El Mangó”, fue la última que Ferraioli trabajó contra el reloj, cuando apenas faltaba una semana para la apertura de la exposición. Ahora esta inmensa obra estará adornando la pared de un hotel en Guánica.

“Todas son mis bebés, pero ‘El Mangó’ es mi favorita”, concluyó el artista que trabaja en una nueva novela: “¿Quién profanó la Mansión Georgetti?”.

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