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Aventura, aprendizaje e investigación en el Bosque de Monte Choca

Por Marielisa Ortiz Berríos

Kimberly Meléndez

El Bosque Estatal de Monte Choca, en Corozal, es el escenario natural donde Kimberly Meléndez Rodríguez, una joven de 15 años educada en el hogar, estudia y observa las aves como parte del proyecto Ciudadano Científico: Explorando la vida del Río Grande de Manatí, subvencionado por la Fundación Nacional de Ciencias (NSF, por sus siglas en inglés) y Para la Naturaleza.

Desde abril de 2015, la joven recorre diferentes puntos del bosque junto a sus padres Mary Rodríguez y Danny Meléndez, para contar aves. Kimberly fotografía las distintas especies que observa, las documenta e ingresa la información en el portal eBird, donde los observadores de aves comparten sus avistamientos y fotos. Este trabajo se extendió por un periodo de un año. Identificaron 53 especies, como el Julián Chiví, el San Pedrito, el Comeñame, el Bienteveo, el Pájaro Bobo Mayor, el Jui, la Calandria, el Carrao, entre otras.

“Muchas personas no saben de este bosque, que es bien importante para la conservación y para Corozal, y yo quiero que las personas conozcan el bosque y nos ayuden a conservarlo hermoso”, expresó Kimberly.

Sus inicios como observadora de aves

Antes de demostrar interés en las aves, Kimberly participó como voluntaria en varios proyectos de Ciudadano Científico. Mary explicó que su hija participó de estos programas para comenzar a aclarar sus dudas y aprender. En el trayecto se percató de su pasión por las aves y es cuando decide comenzar su estudio sobre los pájaros, particularmente en el Bosque de Monte Choca, ubicado en el barrio Palos Blancos de Corozal, donde reside.

“La idea es que ella aprenda como participante medular para que [a su vez], pueda educar a la comunidad. Es educarla para prepararla”, manifestó Mary.

Kimberly ha aprendido a identificar y comparar a las aves por sus cantos, gracias al tiempo que le ha dedicado a la observación de estas especies en el bosque de su comunidad. 
En las caminatas de Kimberly siempre participan sus padres y, en ocasiones, su hermano.

“Hemos ido aprendiendo igual con ella. Es una aventura porque estamos al aire libre. Hacemos recorridos de noche buscando Múcaros y Yaboas, y es una experiencia que a la misma vez [nos permite] compartir como familia”, dijo Mary.

Antes y después de participar en el programa Ciudadano Científico

Antes de participar como voluntaria, Kimberly no conocía sobre los procesos científicos.

“Desde siempre me había interesado todo esto (la ciencia y naturaleza), pero no sabía nada. Cuando llegué me enseñaron a documentar, qué hay que hacer en los procesos científicos, cómo usar los diferentes instrumentos en el bosque, [notar] sus diferencias. He aprendido sobre diversos ecosistemas, plantas, animales, poner datos en eBird, etc. Mi experiencia ha sido fabulosa, espectacular, me ha gustado mucho, he aprendido cosas que en mi vida me imaginaba sobre la naturaleza”, mencionó la joven.

La experiencia de ser ciudadana científica ha ayudado a Kimberly a conocer mejor el bosque y apreciar su belleza. Tanto así, que insistió en que en un futuro desea trabajar educando a la comunidad sobre el valor del bosque y su importancia.

Kimberly y su mamá coincidieron en que no hay que ser científico para aportar al medio ambiente y la comunidad. La joven es un ejemplo de esta afirmación, pues aun siendo estudiante está realizando una labor científica de gran relevancia para su comunidad, que puede ser utilizada por el mismo gobierno y organizaciones sin fines de lucro conservacionistas y de protección ambiental.

Como ejemplo, la joven mencionó que en la documentación oficial del bosque, a cargo del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA), se mencionan unas seis o siete aves. Sin embargo, en los recorridos realizados han documentado más de 40. Como hecho histórico, recordó que el bosque fue protegido gracias a la intervención de la comunidad, quienes se opusieron a un proyecto de minería que se realizaba allí.

Finalmente, Kimberly mencionó que le interesa continuar observando aves y educando a la comunidad de Palos Blancos sobre la importancia de apoderarse del bosque y de su conservación. “Cuando se acabe este proyecto, tal vez una o dos veces al mes, haré recorridos e invitaré a otras personas”, expresó la joven, quien también se ha interesado mucho por el dibujo y la fotografía de aves.