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El cambio climático requiere espacio en el debate político

La tormenta desorganizada que pasó por Puerto Rico el fin de semana pasado causó estragos en Luisiana como huracán de intensidad catastrófica.

La tormenta desorganizada que pasó por Puerto Rico el fin de semana pasado causó estragos en Luisiana como huracán de intensidad catastrófica. La velocidad con la que el ciclón Laura aumentó su fuerza -60 millas por hora en 24 horas- hace evocar el súbito desarrollo del huracán María mientras se aproximaba a nuestra isla.

También es recordatorio de que, en medio de la pandemia, el cambio climático es una amenaza mayúscula contra la humanidad. Laura impactó Luisiana en categoría 4; uno de los huracanes más potentes en golpear a Estados Unidos. Más de 1.5 millones de personas fueron evacuadas en las costas de Luisiana y Texas, seis murieron, 880,000 abonados quedaron sin servicio eléctrico y otros miles sin agua potable.

Puerto Rico sabe lo que es sufrir desastres de esa magnitud. Pero poco se ha analizado sobre el cambio climático en el debate político local. La amenaza climática debería ser marco de los planes de uso de los fondos federales asignados para recuperarnos de huracanes, terremotos y pandemias. Las estrategias para prevenir, mitigar y adaptar a la isla a las condiciones extremas del clima que ya se manifiestan atañen a todas las áreas del quehacer social y económico de la sociedad. La guía científica es indispensable.

En menos de un mes, Puerto Rico tuvo dos emergencias asociadas a esta temporada de huracanes descrita por los meteorólogos como extremadamente activa. Poco antes atravesaba una sequía anómala que forzó un plan de racionamiento.

En la antesala del periodo pico de la temporada, y a semanas de cumplirse el tercer aniversario del azote de los ciclones Irma y María, con una secuencia sísmica activa en la zona sur, la isla enfrenta mayor vulnerabilidad ante los cambios abruptos de la naturaleza. Su población, asediada por el COVID-19 y sus secuelas en la pérdida de empleos y la economía, está cada vez más carente de recursos para responder a un evento extremo.

Urgen soluciones profundas e integradas para asumir un reto trascendental.

En estas semanas, incendios forestales han consumido alrededor de un millón de cuerdas de terreno en regiones tan distantes como California y Argentina. La mayoría de los fuegos del norte se originó en tormentas eléctricas. Los del sur se atribuyen a la mano humana, que se ha valido de las altas temperaturas, la sequía y vientos fuertes para adelantar intereses. Estos eventos inciden en la agricultura y en ecosistemas críticos para el planeta, sus abastos de agua y su biodiversidad.

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) advierte que este año es probable que el Ártico se haya calentado más del doble que la media mundial, indicador que repercute en el globo. Portavoces de la organización advierten: “Si bien (el) COVID-19 ha ocasionado una grave crisis sanitaria y económica a escala internacional, el hecho de no abordar el cambio climático puede amenazar el bienestar de las personas, los ecosistemas y las economías durante siglos, por lo que los gobiernos deberían aprovechar la oportunidad para integrar la acción climática en los programas de recuperación y velar por que, al retomar la senda del crecimiento, este se sustente en mejores cimientos”.

A distintos grados, la mayoría de los candidatos a la gobernación propone iniciativas puntuales para atender los desafíos asociados; energéticos, disposición de desechos, urbanismo y desarrollo económico sostenible. Pero actuar ante el cambio climático conlleva también atender la pobreza y desigualdad que hacen a la mitad de la población más vulnerable. Implica diseñar un sistema sanitario ágil, capaz de responder con base científica a las nuevas amenazas de salud vinculadas a la contaminación de aire, aguas y alimentos, a las olas de calor y a nuevas enfermedades.

Según la OMM, los peligros asociados al tiempo, al clima y al agua causan casi el 90% de todos los desastres. De ahí la importancia de concertar planes basados en el saber, los datos y las proyecciones científicas para desarrollar un Puerto Rico capaz de reponerse con rapidez y sin pérdidas mayores de cada embate climático.

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