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El grupo 7 Quillas trabaja incansablemente en protección de las tortugas

La organización lidera, desde 2012, los esfuerzos de protección de especies y hábitats de anidació

Desde 2012, el grupo 7 Quillas lidera los esfuerzos comunitarios de protección de tortugas marinas y sus hábitats de anidamiento en las playas de Condado y Ocean Park, en San Juan.

Aunque se ha adelantado mucho, se trata de un trabajo arduo y continuo, pues las actividades humanas en la zona siguen siendo una gran amenaza, tanto para las tortugas como para el ecosistema en general. Ante esa realidad, la clave es educar a la ciudadanía y hacia ello se ha enfocado 7 Quillas, explicó su fundadora y directora, Hilda Benítez.

“Lo que impactó mi vida fue que me educaran”, afirmó Benítez, tras relatar que, aunque nació y se crio en Ocean Park, no fue hasta 2012, a sus 52 años, que supo que las tortugas marinas, como el tinglar, anidan en el área.

Vi a unos muchachos jóvenes colocando unos palos blancos y una malla anaranjada casi frente a mi casa. Me dijeron que estaban protegiendo un nido de tinglar. ¡Yo no sabía nada! Me dijeron que volviera a los 60 días para las vigilias de la eclosión (nacimientos) y fueron hablándome. Mi vida cambió cuando vi una tortuga, una sola, saliendo del nido. Ahí, nació 7 Quillas”, añadió.

Desde entonces, el grupo se ha solidificado y ampliado su misión. No solo buscan inspirar y concienciar sobre la presencia de vida marina en peligro de extinción, como los tinglares, sino también sobre la importancia de proteger los arrecifes de coral y las playas, la presencia de contaminantes y los beneficios del servicio comunitario.

“Somos ciudadanos comprometidos con mejorar el entorno. No somos científicos, pero nuestra voz es la voz de las 1,225 playas en los 44 municipios costeros de Puerto Rico. En 30 de ellos, anidan tortugas marinas, como el tinglar, el carey y la tortuga verde”, expresó Benítez.

Educación continua

Entre los mensajes educativos que 7 Quillas promueve, el primero es que la playa empieza en la montaña. En opinión de Benítez, entre la ciudadanía “aún no hay esa conexión” de que las acciones tierra adentro repercuten en la costa, particularmente la contaminación.

Además, el grupo combate la contaminación lumínica y promueve la sustitución de luces blancas por rojas para evitar que las tortugas se desorienten cuando salen del mar a desovar y regresan.

Lo mismo pasa con las descargas. Tenemos, por ejemplo, el problema de las personas que no recogen los desechos de sus animales y los dejan en la arena, lo que contamina el agua. En Ocean Park, por alguna razón, también tenemos desbordamientos sanitarios que entran al sistema pluvial y esas escorrentías llegan a la playa. Hemos tenido casos de descargas de gasolina y pintura, y las colillas de cigarrillo son también bien perjudiciales”, ilustró, al dramatizar los estresores a los que se enfrentan las tortugas.

Las playas de Condado y Ocean Park también exhiben erosión debido al aumento en el nivel del mar a causa del calentamiento global. El alza hace que se reduzca el ancho de playa y, por ende, las áreas de anidación.

Para la fundadora y directora de 7 Quillas, el trabajo de los pasados ocho años ha redundado en que “la comunidad sabe qué hacer” cuando una tortuga llega a desovar y cuando eclosionan los nidos.

Reconoció, sin embargo, que siguen reportándose situaciones o problemas con visitantes, y las playas de Condado y Ocean Park figuran entre las más frecuentadas porque son urbanas.

Entre esas situaciones o problemas, mencionó grandes aglomeraciones de personas en las noches o de madrugada, fogatas, basura y saqueo de nidos. También, ocurre con frecuencia que personas, al ver las tortugas anidando o los nidos eclosionando, se acercan demasiado, hacen ruidos innecesarios y toman fotos o vídeos con “flash”.

“Las recomendaciones son sencillas: cero con foto o vídeo con ‘flash’, silencio y mantener distancia. Las tortugas tampoco pueden agarrarse para llevarlas al agua porque, según van andando, guardan la información de la playa a la que volverán a desovar cuando sean adultas. Si las levantan, eso se pierde. Y el silencio es necesario para que las tortugas oigan las olas y se dirijan hacia ellas”, explicó.

Otras recomendaciones incluyen pararse siempre por la parte trasera de las tortugas y reportar los avistamientos al Cuerpo de Vigilantes del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales, el Negociado de la Policía o los grupos tortugueros que hay en toda la isla.

Llamado a la conciencia

Benítez dejó claro que la intención de 7 Quillas no es que las personas dejen de visitar la playa o que no se relacionen con las tortugas, sino que lo hagan responsablemente.

Sin embargo, el grupo entiende que, si las playas de Condado y Ocean Park fueran declaradas reservas naturales o balnearios, tendrían horas restringidas y vigilancia en beneficio del ecosistema.

“¡Claro que queremos que nos acompañen! Ese fue el detonador que cambió mi vida a los 52 años. Pero tenemos que hacerlo como se debe. Las tortugas se merecen regresar a la playa donde nacieron, y nos toca a nosotros cuidar el ecosistema. Las futuras generaciones también se merecen disfrutar de este maravilloso evento. Yo pensé que salvaba tortugas marinas, pero resulta que fueron ellas que me salvaron a mí y a la comunidad”, acotó.

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