Menú

El rescate de nuestro pasado, enriquece el presente y determina el futuro

Por: Antonio Bulnes, intérprete ambiental

Antonio Bulnes

Al hablar de arqueología quizá llegue a su mente la imagen del personaje Indiana Jones: un héroe con látigo en mano y un sombrero, aventurando por la jungla buscando tesoros escondidos. También, se suele asociar a la arqueología a personajes llenos de tierra buscando fósiles de dinosaurios, como en la película “Jurasic Park” o huyendo del peligro como en “The Mummy” . Si esto es lo único que conoces sobre los arqueólogos, ¡esta lectura es para ti!

Según (Renfrew & Bahn, 2015) la arqueología es una sub-disciplina de la antropología que envuelve el estudio del pasado humano por medio de su remanente material, entiéndase, vasijas, ornamentaciones y artefactos, entre otros. El arqueólogo es quien ejerce la disciplina buscando, analizando y conservando estos materiales. Con este dato, podemos inferir que Indiana Jones y los que trabajan con fósiles de dinosaurios no son considerados arqueólogos. De hecho, los que trabajan con materiales de dinosaurios se les conoce como paleontólogos.

La arqueología es una excelente herramienta para recrear e imaginar eventos ocurridos en el pasado por medio del material tangible excavado mediante un proceso científico. Es por esto que esta disciplina es de gran importancia para enriquecer nuestro presente y visualizar nuestro futuro.

En  el año 2012, en la Reserva Natural Cabezas de San Juan, se inicio un proyecto arqueológico en una playa conocida como Playa Jayuya. Este surgió casualmente con la intención de crear nuevos ofrecimientos en la reserva. Era de conocimiento público que en esa costa se encontraba un gran sitio arqueológico. Por eso, el interprete ambiental Alberto Mercado decidió contactar al arqueólogo Carlos Pérez para que lo asesorara sobre las posibilidades de realizar un recorrido en el área.

El arqueólogo visitó la playa y quedó sorprendido por la cantidad de material que encontró. Al mismo tiempo se percató del gran impacto que la erosión costera estaba causando en el área. Es por esto que se decidió que, además del recorrido, se realizarían excavaciones arqueológicas para poder rescatar el material que se estaba perdiendo de manera acelerada.

Uno de los hallazgos más significativos en el área fue el de una osamenta que se encontraba cementada dentro de la roca de playa. Esta aparecía a simple vista durante las mareas bajas y en las altas desaparecía bajo el agua.

Como Playa Jayuya es un lugar de difícil acceso, se complicó la extracción de esta osamenta ya que no teníamos posibilidades de llevar maquinarias que facilitaran su remoción.  Por esta misma razón, tuvimos que extraerla solo con las herramientas que pudiéramos cargar. Para añadirle complejidad a la hazaña, tuvimos que tomar en cuenta la marea ya que una vez esta subiera no había manera de seguir el proceso de extracción.

Después de dos días, mucho calor y cansancio logramos separar el pedazo de roca que contenía los restos óseos. Esto nos llevó a otra problemática, ¿cómo moveríamos un pedazo de roca tan grande y sumamente pesado por toda la costa de la playa hasta el promontorio donde nos esperaba el vehículo para transportarlo?

Después de varios intentos fallidos, recurrimos a una técnica simple y milenaria. Colocamos el pedazo de roca encima de un panel de madera y este encima de tubos plásticos. Estos se iban rodando poco a poco y cuando el último tubo quedaba al descubierto por el movimiento, se pasaba hacia al frente para seguir rodando la madera y así sucesivamente a lo largo de todo el camino hasta lograr llevar la osamenta a la falda del promontorio.

En ese momento, dudamos si el subir hasta el tope de la montaña ese pedazo de roca con tan valioso contenido era posible solo con nuestras manos como herramientas. Sin embargo, con mucho esfuerzo y perseverancia logramos nuestro cometido; la osamenta al fin descansaba a salvo en un ambiente controlado.

Estos restos óseos provienen del grupo cultural “saladoide” de cual se conoce poco y al que no se le da exposición. Este es el grupo que habitaba nuestra isla desde mucho antes que los famosos “taínos”.

La osamenta encontrada en Playa Jayuya es la llave al estudio de la gran pre-historia puertorriqueña y enriquecimiento cultural.  Es un pequeño portal que nos permite trasladarnos al pasado para conocer parte de nuestros verdaderos antecesores.

Además, este rescate representa uno de los logros más significativos del proyecto desde que comenzó el 2012, marcando el inicio de al menos cinco temporadas de excavaciones exitosas en Playa Jayuya, dirigidas por el arqueólogo Carlos Pérez Merced, quien contó con el apoyo de muchos voluntarios.

El programa de arqueología en la Reserva Natural Cabezas de San Juan ha sido uno de los eventos voluntarios de más popularidad en la  región. Este no solo alimenta la curiosidad y el deseo de las personas de ser arqueólogos por un día, si no que también presenta una oportunidad para que estudiantes e investigadores enriquezcan los estudios arqueológicos en nuestras islas.

El impacto de este proyecto arqueológico a sido de tal magnitud que varios voluntarios se han motivado a seguir una carrera en arqueología y estudiantes que ya estaban estudiando arqueología han decidido hacer sus tesis e investigaciones sobre este maravilloso lugar.

El deseo de preservar las piezas encontradas en  Playa Jayuya,  ha dado pie forzado a desarrollar otras actividades con miras a mitigar la pérdida de costa debido al incremento en los niveles del mar. Según el trabajo de Yanira Santiago Pérez, Shoreline Change en Playa Jayuya, Fajardo, Puerto Rico Using Digital Shoreline Análisis (DASAS), anualmente se pierden -0.10 metros al año, aunque ocurre alguna deposición ocasional de sedimentos. Además, se estima que desde el año 1987 al 2000 la razón de erosión ha sido de -1.142 metros (Monge, 2015).

Por tanto, es de suma importancia continuar los trabajos en estas áreas ya que con el pasar del tiempo estas se verán afectadas por el embate del océano. ¡Ah! y como nota aclaratoria, los dos datos citados anteriormente provienen de dos trabajos, nivel sub-graduado y graduado respectivamente, de dos voluntarias del proyecto arqueológico de Playa Jayuya.

Como elemento final de esta anécdota arqueológica quisiera que las personas comprendan la importancia y necesidad de la arqueología para un mejor entendimiento de nuestro origen. También, quiero hacer hincapié en la urgencia que existe de documentar los sitios arqueológicos que se encuentran en peligro, no tan solo en la Reserva Natural de Cabezas de San Juan, sino en todo Puerto Rico. 

La isla esta sufriendo grandes erosiones por el alza del mar debido al cambio climático. A causa de esto, además de perder el patrimonio cultural que yace en las costas, también se ven afectadas directa e indirectamente especies de animales y plantas que poco a poco van perdiendo parte de su nicho ecológico. Así que, ¡Manos a la obra!

El futuro de nuestra isla descansa en cada uno de nosotros, ya sea trabajando nuestros sitios arqueológicos, preservando y manejando especies o simplemente reduciendo nuestro impacto en nuestro entorno natural cotidiano.