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El rostro boricua del cambio climático

Comunidades toman medidas de adaptación ante eventos de precipitación e inundaciones más intensos y recurrentes

Ya no hay que hacer referencia a la imagen de un oso polar desnutrido sobre un pedazo de hielo en el ártico para entender los devastadores efectos del cambio climático.

En Puerto Rico, la principal amenaza a la que el mundo se enfrenta tiene rostro, y son personas que en menos tiempo del imaginado podrían convertirse en “refugiados climáticos”, es decir, verse obligadas a desplazarse de sus lugares de origen por motivos ambientales.

Se encuentran, principalmente, en comunidades costeras o aledañas a cuerpos de agua, como las ocho que circundan el caño Martín Peña, Condado y Ocean Park, en San Juan; Piñones, en Loíza; y Juana Matos, en Cataño, entre muchas otras.

En todas, el denominador es el mismo: el aumento en el nivel del mar, como efecto del calentamiento global y el derretimiento de los polos, está provocando inundaciones y cambios en la marea nunca antes vistos. Los episodios de lluvia cada vez más intensos agravan la situación.

Ante eso –y no necesariamente conscientes–, los ciudadanos están tomando medidas de adaptación para proteger vida y propiedad. Muros de contención en las puertas, estacionamientos elevados y electrodomésticos que no tocan el piso son ejemplos de cómo lucen algunas residencias en estas comunidades.

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