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El sapo concho libra una feroz batalla para sobrevivir

El cambio climático haría desaparecer el único hábitat de reproducción natural del anfibio, advierte la directora del Bosque Seco de Guánica.

El sapo concho puertorriqueño solo se reproduce naturalmente en las charcas estacionales que surgen luego de períodos fuertes de lluvia en el área de la playa Tamarindo, en este municipio.

Por eso, cuando se anuncia un evento de precipitación para la zona, el equipo de biólogos que resguarda el Bosque Seco de Guánica sale a proteger y documentar la reproducción de esta especie endémica.

Es un proceso que toma menos de 24 horas y regresan a su hábitat. Las primeras 24 a 48 horas son cruciales para el estudio de la especie en Guánica, dándole énfasis a que la salinidad del agua se mantenga en un nivel bajo. Eso es un reto… para que estos individuos pasen de su etapa de renacuajo y completen su metamorfosis hasta que puedan abandonar el área de las charcas y comenzar su paso migratorio a diferentes puntos del bosque, donde seguirán creciendo hasta que volvamos a tener otro evento de lluvia”, explicó Darien López Ocasio, bióloga y directora del Bosque Seco.

Tras el evento de lluvia, primero salen los machos y cantan para llamar a las hembras. Una vez llegan a las charcas, se conforman en parejas y los machos abrazan a las hembras (“amplexus”). Luego, las hembras liberan unas largas hileras negras de huevos. Poco después, las hembras salen de las charcas y los machos se dispersan en uno o dos días. Los huevos eclosionan en 24 horas y los renacuajos pueden completar la metamorfosis entre 18 y 21 días. Pasan su vida adulta en cuevas o debajo de la tierra.

“Es bien vulnerable”

Según López Ocasio, el sapo concho (Peltophryne lemur) puede perder su hábitat en unos 50 años debido a la erosión costera y el aumento del nivel del mar, por lo que se ha identificado un área más alta en la playa Tamarindo para preservar la especie. Actualmente, su población estimada fluctúa entre 2,500 y 3,000 individuos adultos.

Aunque se han realizado proyectos de reintroducción de juveniles de este anfibio, sigue siendo considerada como una especie amenazada, “porque es bien vulnerable, por el detrimento que ha sufrido su hábitat y la población ha ido mermando”, especificó la bióloga, quien exhortó a los ciudadanos a cuidar el hábitat del sapo concho evitando la tala de árboles, hacer fogatas en el área, el paso de vehículos de motor y tirar basura.

Por otro lado, dijo que, como parte de los esfuerzos de recuperación del sapo concho que lleva a cabo el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA), entraron en un acuerdo de entendimiento con el Servicio federal de Pesca y Vida Silvestre y la Asociación de Zoológicos Americanos para desarrollar estrategias dirigidas a la conservación y protección de la especie.

“Dentro de los proyectos importantes que se han realizado, se encuentra la construcción de unas charcas artificiales, aquí en el área de Tamarindo. El propósito es crear un hábitat para que, en el futuro, el sapo lo pueda utilizar, ya que, si el aumento en el nivel del mar producido por el cambio climático continúa, el área de Tamarindo no será un hábitat apropiado para esta especie”, puntualizó López Ocasio.

Los depredadores, los cambios en temperatura y la desecación de las charcas antes del período de eclosión o de la metamorfosis son otras amenazas para la reproducción del sapo concho.

El sapo concho fue incluido en la lista federal de especies en peligro de extinción en 1987 bajo el renglón de amenazada. La Ley federal de Especies en Peligro de Extinción de 1973, según enmendada, prohíbe matar, dañar, molestar, atrapar, comprar o vender una especie, así como partes o productos derivados de ellas.

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