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El tercer sector es clave en la revitalización del país

La solidaridad de las entidades sin fines de lucro locales e internacionales se ha insertado como una fuerza indispensable en las iniciativas de reconstrucción de Puerto Rico, con valiosos proyectos de impacto social.

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Estas organizaciones no gubernamentales son la expresión de un nuevo tipo de movilización social que nuestra isla necesita. Tras los azotes de los huracanes Irma y María, los grupos demostraron eficiencia y organización para responder con rapidez. Tan solo en 2018 brindaron asistencia de emergencia a 1.1 millones de afectados.

Desde que asumieron ese liderazgo, estas instituciones han aumentado su activismo. Parte importante del esfuerzo se basó en fortalecer las redes de apoyo locales mientras se desarrollaron importantes relaciones con fundaciones, entidades sin fines de lucro y empresas socialmente responsables de nivel internacional. Maximizaron recursos y se esforzaron muy particularmente en áreas como salud, educación, vivienda y seguridad alimentaria.

Mediante sus métodos de gestión y autogestión, la incorporación del voluntariado como un valor añadido y la administración eficiente de los recursos humanos y financieros, el tercer sector ha logrado más sostenibilidad para los proyectos dirigidos a desarrollar resiliencia ante desastres naturales. Al integrar a individuos, familias y comunidades enteras en las obras que les benefician, se acrecienta el valor de la participación ciudadana. Se abona así a la construcción del sentido de comunidad.

Dos iniciativas recientemente reseñadas ilustran la valía del sector.

Una de ellas es del grupo internacional Hábitat para la Humanidad, que bajo el modelo de participación de los propietarios de vivienda ha ayudado a 122 familias de pocos ingresos a procurarse un techo seguro. El programa es parcialmente financiado con un donativo de $50 millones de la biofarmacéutica AbbVie. Los vecinos pagan por la habilitación de sus casas, reciben préstamos a bajo o ningún interés, y son capacitados en el manejo de las finanzas del hogar. Además, delegar las obras a pequeñas empresas de construcción estimula las economías municipales.

Este modelo podría replicarse por la isla. Permitiría a familias sin techos recuperar la estabilidad arrebatada por los ciclones, desarrollar más autosuficiencia en el manejo de las finanzas hogareñas y fortalecer los lazos comunitarios.

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