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Estrechando lazos con nuestras comunidades

Región Metro Centro

Comunidades

El efecto de los fenómenos atmosféricos que arroparon nuestras islas el pasado septiembre 2017, más allá de modificar sustancialmente nuestro paisaje y la estructura de nuestros bosques, también provocaron grandes cambios en las relaciones que forjamos con nuestros vecinos.

Los días después del huracán, la Región Metro Centro se encontró con familias y vecinos que compartían hogares como cálidas comunas donde los bienes se distribuían equitativamente entre todos los presentes. Aquellos suministros que tuvimos el privilegio de recibir en nuestra casa, el Acueducto, lograron sacar sonrisas y expresiones de agradecimiento en todas las casas cuyas puertas tocamos; al ser nuestra visita la primera señal de ayuda que se asomaba.

Desde ese momento, los vecinos de las áreas naturales y unos pocos más, nos abrieron las puertas de sus hogares invitándonos a escuchar las experiencias vividas. No pasó mucho tiempo antes de que comenzáramos a preparar agendas de trabajo para continuar ayudando en todo lo que se pudiese sin perder de vista nuestra función como custodios de la naturaleza. Ayudamos cuanto pudimos, removimos grandes cantidades de desperdicios y unimos esfuerzos con otros grupos comunitarios para impactar a más personas.

Asimismo, fuimos testigos de cómo los líderes comunitarios se habían organizado en brigadas de trabajo para abrir caminos y atender situaciones de peligro, así como para brindar albergue, refugio, agua y comida a los más afectados de su entorno inmediato. De este modo, la autogestión comunitaria catalizó la respuesta rápida necesaria para salvar familias de frío y hambre, en comunidades vecinas a las áreas naturales protegidas.

Durante los meses de diciembre y enero, ofrecimos los Talleres de Resiliencia a las comunidades de Villa Colobó y Colobó en Loíza, así como las comunidades de Puerta de Tierra en San Juan y barrio Venezuela en Río Piedras. El objetivo de estos talleres fue conocer mejor a nuestras comunidades y armonizar con las retantes circunstancias existentes. En su primera etapa, los talleres nos permitieron compartir alimentos, la creación de murales artísticos, juegos típicos como el gallito, el trompo y la cuica, competencias de dominó, historias populares y anécdotas profundas de la memoria comunitaria.