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Jóvenes en Guayanilla pintan por el medioambiente

La entidad "Creando conciencia mi tierra grita" apoya la gestión

Jovenes en Guayanilla pintan por el medioambiente

Tienen 9 y 10 años de vida y ya conocen los desencantos de luchar por el ambiente en un país privilegiado, tanto que hace más de 500 años le llamaron Puerto Rico, pero a la vez donde parecería que se desprecia la naturaleza, la considera un estorbo o un objeto para ser explotado.

Shayniska Galarza Torres (10), Alondra Caraballo Rodríguez (10) y Mariángel Victoria Class González (9) canalizan su amor por la naturaleza a través del arte. Con ayuda de la entidad sin fines de lucro “Creando conciencia mi tierra grita” elaboran pinturas, murales y letreros interpretativos que colocan en áreas clave por su valor ecológico, sobre todo en la zona de Guayanilla. Sin embargo, muchas de sus obras son destruidas.

Las jóvenes artistas y su maestra, Maritza González, fundadora de “Creando conciencia mi tierra grita” y otras dos organizaciones que promueven el arte, mostraron a El Nuevo Día los trabajos que sobreviven en la playa de la comunidad El Faro, un área dramáticamente impactada por la contaminación de petroquímicas y termoeléctricas que por décadas han operado en este pueblo y el vecino Peñuelas. El mar y la arena exhiben un color cenizo oscuro muy distinto al que típicamente se observa en otras playas de Puerto Rico y el Caribe. En tierra, residencias y negocios rodean un humedal que luce seco. Mientras, hacia el lado oeste de la playa se observa Punta Verraco, un promontorio en forma de península que según denuncias hechas en 2011 sufrió deforestación y daños ambientales que pusieron en peligro importantes especies cuando se pretendió construir allí un parque eólico. Dos pequeños rótulos pintados con pincel sobre madera y en los que predominan los tonos azules pueden verse en el área frente al establecimiento El Aeropuerto, son los pocos que sobreviven.

“Cuiden la naturaleza”, lee uno firmado por Alondra. “Robert ama El Faro”, indica otro, de Mariángela. Los demás fueron destruidos.

“Cuando se seca esa bahía (el humedal) van a correr ‘four tracks’ y algunos de los letreros que pusimos decían que en esa área no se puede correr ‘four tracks’ porque pasarían por encima de algunos huevos de aves o destruirían sus nidos. Algunos días después, cuando fuimos a verificar, encontramos algunos letreros rotos o que los habían sacado de donde estaban”, recuerda Mariángel.

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