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La industria avícola local está paralizada

El sector intenta recuperarse tras la destrucción del huracán María

industria avicola

No lo consigues. Quizás solías comprarlo en el supermercado para comerlo frito o asado, a la plancha, en un guiso o al vapor. Sin embargo, el pollo puertorriqueño, actualmente, no existe.

El negocio avícola en Puerto Rico quedó paralizado por cuatro meses y ha registrado pérdidas millonarias desde que el huracán María entró el pasado 20 de septiembre por la costa de Yabucoa. La empresa To-Ricos, única procesadora de este alimento en la isla, ahora intenta restablecer sus operaciones. El problema: para que esta industria pueda arrancar nuevamente, los avicultores locales tienen que hacer costosas inversiones para reconstruir los ranchos donde crían los pollos y que quedaron destrozados por los vientos del ciclón.

“Está dura la cosa. Hay tanta destrucción. Nos podemos levantar, pero va a ser lento. El ánimo lo tenemos para empezar de nuevo. (Pero) el impacto ha sido bastante duro”, lamentó Carlos Ortiz Zayas, un avicultor de Aibonito con cuatro décadas de experiencia.

La mayoría de las fincas de crianza de pollos están en este pueblo, también sede de To-Ricos. Entre las montañas del municipio, trabajadores que la empresa contrata para llevar sus pollos al peso adecuado esperan desesperadamente que las aseguradoras privadas respondan con dinero para reparar los daños.

Según datos del Departamento de Agricultura, la industria avícola tuvo pérdidas ascendentes a $39.4 millones. De ese estimado, $4.5 millones corresponden a los pollos que murieron y a la paralización de ventas, mientras los daños en maquinaria, ranchos y por la desvalorización del terreno suman $34.9 millones.

En este escenario, los avicultores tienen que tomar préstamos para poder construir ranchos más seguros -y más caros- si quieren seguir operando. Se trata, dijo Agricultura, de las nuevas “especificaciones de construcción” que presentará Pilgrim’s, empresa matriz de To-Ricos, para que las nuevas estructuras sean “más resistentes a huracanes”. Aunque la agencia admite que el costo por unidad puede alcanzar los $400,000, su secretario, Carlos Flores Ortega, aclaró que la intervención de la entidad gubernamental se limita a que las fincas sean apropiadas para el clima tropical de la isla.

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