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La población de abejas no resistió el azote de María

El gobierno, apicultores y entidades sin fines de lucro lideran esfuerzos para aumentar las colonias y evitar una escasez de alimentos locales

apicultura

Entre el 80% y 90% de la población de abejas en la isla no resistió el embate del huracán María, lo que supone un severo impacto para la industria apícola y un retraso en la producción agrícola debido a la baja en polinizadores.

Después del 20 de septiembre, cuando el ciclón tocó suelo boricua, el gobierno, apicultores y entidades sin fines de lucro iniciaron esfuerzos de recuperación con miras a evitar una escasez de alimentos locales. Por eso, el éxito de esos esfuerzos no es opcional, coincidieron expertos.

Tugrul Giray, profesor de Biología en el recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico (UPR), indicó que, antes de María, el país tenía una población “saludable” de abejas domésticas y silvestres. Se estimaba que había 150,000 colonias, a razón de 16 o 17 por kilómetro cuadrado.

El huracán cambió las cifras drásticamente. Las colmenas domésticas, que son las abejas que los apicultores mantienen en sus fincas para producción de miel o servicios de polinización, se perdieron en 80%. De las 4,000 colmenas domésticas que había, quedaron menos de mil.

Giray, quien es doctor en entomología y se especializa en evolución, comportamiento y genética de las abejas de miel, contó que el Departamento de Agricultura hizo un informe de pérdidas basado en visitas a las fincas de los apicultores matriculados en la agencia. El profesor también recopiló “evidencia adicional” mediante cuestionarios que repartió a apicultores beneficiados por la iniciativa de recaudación de fondos y equipo llamada “Caribbean Bee Rescue Campaign”.

“La situación de las colmenas silvestres –abejas que viven por su cuenta en bosques u otras áreas fuera de actividad apícola– es incierta, pero posiblemente peor que las domésticas. Mi estimado es que, inmediatamente después del huracán María, se afectó el 50% de las colonias por inundación, pérdida de sitios de anidación o impacto por objetos como troncos. Luego, la falta de flores, polen y néctar por más o menos un mes y medio resultó con mayores pérdidas… un 80% de lo que había quedado”, sostuvo, e informó que, junto a su equipo, está utilizando “medidas genéticas” para cuantificar las pérdidas de colonias silvestres.

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