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‘No olvidemos el cambio climático’

Las personas están listas para cambiar su comportamiento por el bien de la humanidad

Sequia Cambio Climatico

En las últimas semanas, el mundo se enfocó en combatir con urgencia la veloz pandemia de la COVID-19. La Organización Mundial de la Salud, los gobiernos y bancos centrales actuaron rápidamente para mitigar el impacto del virus, mientras los científicos, los responsables de las políticas y los expertos en salud pública comparten datos cruciales con sofisticadas herramientas de rastreo. La gran cantidad de personas que se recuperaron del virus demuestra la eficacia de la respuesta a la fecha.

Pero, además de la novedosa e inmediata amenaza de la COVID-19, el mundo también enfrenta una emergencia climática y ambiental sin precedentes. Los gobiernos y las empresas deben comenzar a ocuparse del cambio climático con la misma decisión y urgencia que muestran en la lucha contra la pandemia.

Consideremos la contaminación del aire, que, según las estimaciones, mata a 7 millones de personas al año en el mundo. A diferencia de la COVID-19, esta amenaza no es nueva, proviene de múltiples fuentes y está estrechamente vinculada con la forma en que calentamos e iluminamos nuestros hogares, nos desplazamos y gestionamos los desechos: hábitos diarios profundamente incorporados en nuestra forma de vida y nuestros sistemas económicos. Enfrentar un desafío tan complejo exige, entonces, acciones en muchos frentes para reducir el riesgo de, incluso, más muertes prematuras.

Ciertamente, al tiempo que la respuesta contra la COVID-19 ha demostrado el poder de la ciencia abierta y colaborativa, y de la acción rápida para lidiar con nuevas amenazas, también resaltó cuestiones muy enraizadas que limitan nuestra capacidad para responder a desafíos como el cambio climático mundial. En especial, el mundo se está dando cuenta de que es posible que la pandemia —y las estrictas medidas para contenerla— puedan tener como consecuencia una caída económica aún mayor que la desatada por la crisis financiera mundial de 2008.

La naturaleza sistémica de esos riesgos también puede explicar por qué la acción climática ha sido insuficiente hasta la fecha. La ciencia es clara: debemos reducir los niveles de emisiones mundiales de dióxido de carbono de 2010 cerca del 45% para 2030, y lograr cero emisiones netas para mediados de siglo si queremos tener chances de evitar un calentamiento global catastrófico. Pero aunque la necesidad de acciones gubernamentales urgentes y decisivas en esta área nunca fue mayor, los políticos no se han puesto hasta ahora a la altura del desafío.

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