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Nuestras playas: riqueza abandonada

Porque “Se hunde el manejo de playas”

playa Puerto Rico

¿Cuál sería el valor económico de tener una Playa de Boquerón en Bolivia, Austria o en el estado de Idaho? Incalculable. Ni la isla de Singapur tiene un Boquerón. ¿Habrá algún desarrollador o se podrá establecer alguna Alianza Público Privada (APP) para exportar esta infraestructura? Imposible.

Tenemos riquezas naturales inmensas. Su valor excede por mucho una buena tarde de sol para desprenderse de lo cotidiano en un país opresivo. Desde el más pobre hasta el más rico he visto en escapada por Piñones buscando vivir. El amanecer en Culebra o un atardecer en las costas de Rincón son simplemente ofrendas diarias que están al alcance de todos. Entonces, ¿por qué la más reciente serie investigativa del Centro de Periodismo Investigativo junto a este periódico se titula “Isla ¿sin playas?”.

El valiente junte provocó una serie de reportajes que parecerían desconectados y hasta perderse entre los temas densos de encapuchados, el vandalismo de quitarle más de $500 millones a la Universidad de Puerto Rico o la bancarrota del territorio colonial. Pero si algo es pertinente en este farallón en que estamos es precisamente este trabajo del periodista Gerardo Alvarado. En él se reflejan los problemas de mal manejo del recurso, las amenazas y la necesidad de una visión de desarrollo sustentable diferente a la contabilidad de una Junta de Control Fiscal.

Por ejemplo, las construcciones ilegítimas avaladas con permisos lentos o rápidos han provocado curiosas contradicciones como la necesidad de abrir una ventana al mar en el litoral del Condado. Mientras un día la calidad de agua en las playas cumple con los estándares, al otro día la contaminación por escorrentías, alcantarillados o sistemas sépticos mal planificados hacen que se informe al público que esas mismas playas no están aptas para bañistas. Esto causa impactos económicos negativos mientras se desanima su aprovechamiento. Añada la contaminación lumínica y se dará cuenta de que nuestras costas son el gran tesoro abusado.

Aunque la huella de los usuarios ha mejorado, el problema de los desperdicios y ruidos desconsiderados sigue dejando mucho que desear. Un ajuste cultural sigue siendo apremiante. Según el análisis periodístico, se gastan hasta $22 millones en publicidad anual para atraer turismo al “Destino Sol” pero donde la Junta Interagencial para el Manejo de las Playas de Puerto Rico apenas invierte $3.82 promedio por playa para programas especiales de mantenimiento, educación, recreación pasiva y seguridad, entre otras.

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