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Ecotono

Temporada 3 Episodio 9

La contaminación lumínica y la bioluminiscencia (PR Brilla Naturalmente)​

Vivir en la oscuridad les da miedo a muchos. Sin embargo, por iluminar demasiado durante la noche, hemos perdido la oportunidad de apreciar las estrellas y fenómenos impresionantes como la bioluminiscencia.  

Según Elizabeth Padilla, bióloga marina, “la bioluminiscencia es tan simple como luz producida por un organismo vivo”. Algunos organismos que producen bioluminiscencia son los cucubanos o las luciérnagas, algunos peces de aguas profundas, algunos hongos y los dinoflagelados.  

Esa luz natural producida por algunos organismos tiene diferentes propósitos. Algunos la emiten “para aparearse, como ocurre con el cucubano, para atrapar alimento, como puede ocurrir en los hongos o en los peces, o para defenderse, como entendemos que es lo que ocurre en los dinoflagelados bioluminiscentes”. 

La bioluminiscencia en este caso funciona como cuando vas a oscuras y te prenden una linterna en el rostro. Según Elizabeth, cuando estos organismos se encienden de momento, el depredador se asusta así que no se los va a comer.  

“El organismo que produce la bioluminiscencia en este espacio es un dinoflagelado que científicamente se le conoce como Pyrodinium bahamense, ese es su nombre científico”, dijo Elizabeth, quien explica que la palabra “Bahamense viene de las Bahamas, porque es donde primero se identifica esta especie de dinoflagelados y Pyrodinium se refiere a cómo se mueve y gira”.  

El fenómeno de la bioluminiscencia se aprecia durante todo el año en varios cuerpos de agua en Puerto Rico. Entre ellos, La Parguera en Lajas, la Bahía Mosquito en Vieques y la Laguna Grande de Fajardo, que forma parte de la Reserva Natural Cabezas de San Juan. 

“Recuerdo de pequeña haber ido a La Parguera como mucha gente en Puerto Rico, a ver la bioluminiscencia y es un fenómeno maravilloso, sobre todo al ver como se mueve el agua y empieza a brillar. Luego la otra experiencia viendo bioluminiscencia fue en Cabezas de San Juan en la Laguna Grande”, contó Elizabeth.  

Según recuerda, fueron experiencias muy diferentes. “En la laguna ver la bioluminiscencia es como algo así como medio fantasioso, porque está ese silencio, está el agua calmada, no hay el ruido del bullicio, como se da en ocasiones en La Parguera. Además, cuando la bioluminiscencia está en todo su esplendor, uno no tiene ni que agitar el agua porque los mismos peces cuando se mueven, hacen la estela de brillo. Así que es algo espectacular, realmente bien espectacular”, manifestó la educadora ambiental.  

Sin embargo, “para los años 60 en Puerto Rico se estaba dando la vertiente del desarrollo urbano y también carecíamos de agencias o el área gubernamental que ayudara en su protección” 

A finales de los años 60, principios del 70, nace el Fideicomiso de Conservación como una entidad no del gobierno de carácter privado, para ayudar a proteger esas áreas importantes que se estaban viendo amenazadas con ese desarrollo que se estaba dando ya en Puerto Rico.  

“Entre esos sitios estaba Cabezas de San Juan. Los terrenos de Cabezas de San Juan fueron unos terrenos privados de la familia Bebes, ellos por muchos años tenían pequeños cultivos de palma de coco en el sitio y pastoreo del ganado. Pero para la época de los 70, querían desarrollar un complejo turístico, un complejo de una marina en la laguna, un campo de golf, áreas comunes comerciales y obviamente, el tipo de villa apartamento para ese lugar, un complejo de aproximadamente mil unidades de viviendas”. 

La adquisición de Cabezas de San Juan por parte del Fideicomiso de Conservación, ayudó a proteger esta área natural para el disfrute de todos. Asimismo, ha implementado estrategias de manejo para reducir la contaminación lumínica en los alrededores y aumentar la visibilidad de la bioluminiscencia en la laguna.  

Entrevistados:
Hilda Benítez
Eduardo Álvarez
Deborah Rodríguez Díaz
Publicado: 2020
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“El organismo que produce la bioluminiscencia en este espacio es un dinoflagelado que científicamente se le conoce como Pyrodinium bahamense, ese es su nombre científico”

La relación de los humanos con la naturaleza se transformó significativamente con la llegada de la Revolución Industrial y la Ilustración en el siglo XVIII. La idea del ser humano como parte de la naturaleza se disipó. Desde entonces, muchas personas han visto el mundo natural como un medio para conseguir recursos indispensables para la supervivencia de las personas.

Pero, según Anayra Santory, profesora de filosofía en la Universidad de Puerto Rico y directora de la División Editorial y de Comunicaciones Para la Naturaleza, debido a la crisis climática que enfrentamos, “la naturaleza empieza a jugar un rol protagónico en nuestras vidas ya no solamente

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