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Residentes del barrio Toro Negro en Ciales se unen en proyecto de energía solar

Están iluminados por su gestión.

proyecto de energía solar

Ciales. Entre deslumbrantes montañas y la belleza imponente de un río se encuentra el barrio Toro Negro, de Ciales, donde recientemente se estrenó la primera comunidad solar en Puerto Rico en la que 28 residentes son dueños y administradores de un sistema de energía renovable independizado de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE).

La formación de este emotivo proyecto surge tras un agónico proceso de dolor y angustia que vivieron los vecinos del remoto sector montañoso luego del embate del huracán María. Aquel inolvidable 20 de septiembre, el fenómeno los azotó con furia desatando días después una crisis sin igual ante el bloqueo de paso hacia los hogares (a causa del deterioro de puentes por los que cruza el río y la caída de árboles) y la falta de accesos básicos como el agua y la electricidad.

Así lo recordó en entrevista con Primera Hora José “Tito” Figueroa Pesquera, el presidente de la Comunidad Toro Negro, Inc., una organización con 15 años de trayectoria que declinó cruzarse de brazos y trabajó proactivamente para resolver los problemas que las autoridades (estatales y federales) ignoraron o aplazaron por muchas semanas.

“Después de María nos dimos cuenta que el trabajo que habíamos hecho como comunidad por los pasados 15 años terminaron siendo una ventaja. Por ejemplo, unos puentes colgantes que se hicieron hace años ante la necesidad de poder pasar cuando los ríos crecían, fueron de gran utilidad en esta ocasión”, relata Tito. “Cuando nos dimos cuenta que el Gobierno no respondía, dijimos: ‘está en manos de nosotros… vamos a meter mano y echar pa’ lante’”, agregó.

Urgía una acción inmediata. Sobretodo, considerando las repercusiones que la tragedia atmosférica estaba provocando para las familias y el suplicio que suponía buscar gasolina y alimentos, una tarea que les demoraba casi una hora pues así de distantes están del pueblo.

A Carmen Burgos Ortiz se le eriza la piel al rememorar lo ocurrido. Es que ahora, un año después, está despertando del shock.

“No me gusta ni hablar de eso…la realidad es que cuando pasan cosas así uno se queda como adormecido. Ahora uno mira hacia atrás y piensa las que tuvo que pasar… en mi caso, estuve un mes sin poder ir al trabajo porque el vado (paraje con fondo firme por donde se puede atravesar un río para tener acceso hacia alguna finca o sector) estaba cubierto y los carros no podían salir… además, me preocupaba mucho mi mamá (de 84 años) porque padece de asma y no tenía forma de darle sus terapias por la falta de electricidad”, expresó tratando de narrar su infortunio al que se suma haber gastado los pocos ahorros que tenían en varios generadores.

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