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Salvemos esta histórica cosecha del café boricua

Salvar la cosecha de café de los primeros cafetales que se plantaron luego del huracán María, no solo es fundamental para los planes de recuperación agrícola en Puerto Rico, sino también, desde un punto de vista moral, un paso significativo que apuntala la confianza del país en sus capacidades.

Por eso se necesitan brazos.

Bajo ningún concepto pueden perderse los frutos de la perseverancia. Luego de que el huracán María destruyera el 85% de los cafetales, dejando al sector en un estado de absoluto desamparo, hubo que invertir decenas de millones de dólares para adquirir café de otros países.

En 2016, y justo antes del huracán, se logró sacar adelante cosechas que, dentro de los inconvenientes de falta de personal, lucieron razonables. A partir de 2017, sin embargo, la producción cayó en picada, y si antes era difícil conseguir trabajadores, en los meses y años subsiguientes ese reclutamiento se volvió totalmente cuesta arriba. Salvar lo poco que quedaba en pie, y resembrar las tierras arrasadas ha sido una labor titánica.

Ante la situación, se han estado adquiriendo nada menos que 220,000 quintales de café extranjero, lo que en parte se justifica por el terrible golpe que nos asestó la naturaleza, pero que ahora, cuando despunta una cosecha abundante, no tiene ninguna razón de ser.

Antes de contratar a obreros temporeros de otros países, a los dueños de las fincas se les exige hacer gestiones para conseguirlos localmente. Para eso, el interesado tiene que estar comprometido a no ausentarse ni a renunciar antes de tiempo. La queja de algunos empresarios agrícolas, no solo en el sector del café, sino de otros productos agrícolas, es la informalidad de personas que, luego de unos días de trabajo, se ausentan de los campos, abonando a la crisis que significa acometer un nuevo plan de reclutamiento cuando ya la recogida está en marcha y no puede esperar.

Tiene que haber una seguridad de que aquel que se apunte para la labor, permanezca haciéndolo hasta que termine la temporada de recolección.

Con los obreros migrantes esa incertidumbre no existe, puesto que, al recibir el boleto aéreo y el contrato de trabajo, que incluye el alojamiento, entre otros beneficios, es muy raro que decidan abandonar antes de tiempo. Aun así, lo ideal es que la mano de obra se reclute en Puerto Rico, ya que el impacto en el mercado, con los salarios y la actividad indirecta que genera, mueve significativamente la economía.

Un país que hace apenas dos o tres décadas se autoabastecía del excelente café que produce, ahora no alcanza a cubrir ni el 10% de la demanda. Municipios que antiguamente presumían de producir uno de los mejores productos del mundo, hoy no destacan por incentivar el trabajo en los cafetales.

El año pasado, el Departamento de Agricultura anunció que facilitaría la transportación desde cualquier municipio hasta los cafetales en las montañas, a fin de que poco a poco se pudieran llenar las 4,000 plazas que como mínimo se necesitan para salvar las cosechas. Como es sabido, los trabajadores agrícolas conservan ciertos beneficios y subsidios, en especial el Programa de Asistencia Nutricional (PAN).

En épocas recientes, el Departamento de Agricultura y los propios empresarios han ideado otros estímulos para atraer a desempleados, estudiantes, incluso emigrantes que llegan legalmente, reclamados por sus familiares, pero que en lo que consiguen un empleo definitivo, podrían sumarse al recogido y así ayudar al país que los acoge.

Quizá la cosecha de café de 2021 no sea, al final, la más abundante. Pero si lo intentamos, podremos recordarla como un punto de inflexión en el renacer de la naturaleza y de la voluntad de hombres y mujeres que se unieron para salvarla.

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