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Somos Jayuya: la tribu Yuké da vida a los rituales y costumbres de los indios taínos

En las montañas de Jayuya, un grupo de personas practica, hace 25 años, las costumbres indígenas en conexión espiritual con la naturaleza

Somos Jayuya: la tribu Yuké da vida a los rituales y costumbres de los indios taínos

Jayuya – En la falda de la montaña Tres Picachos, un grupo de personas mantiene vivas las costumbres indígenas que para muchos han quedado en el olvido. Se trata de la autodenominada tribu Yuké (que significa “tierra blanca”), que honra los ritos taínos en el barrio Coabey de este pueblo.

El abuelo Makutok (“bastón”), cuyo nombre es José Valentín Núñez Berríos, es el cacique de esta tribu, que se organizó hace 25 años y cuyas ceremonias anuales atraen a más de 300 visitantes. Según el hombre de 65 años, todo comenzó con un llamado espiritual.

“El llamado es de allá arriba. Llegué aquí y dije: ‘Aquí yo viví’. Mi vida cambió un 99%. Las cosas materiales, las cosas económicas, las cosas que yo digo que son de afuera se fueron y estoy acá adentro ahora”, expresa Makutok mientras señala su entorno. Al igual que los indígenas, Makutok profesa gran respeto por la naturaleza, y además es agricultor, carpintero y artesano.

El espacio ceremonial se habilitó en un terreno cedido por el Municipio de Jayuya. Está formado por un batey rectangular para los hombres y abuelos, y justo al frente, otro circular para las mujeres y toda la tribu, como símbolo de unidad.

Levantamos el batey, hicimos nuestras ceremonias, todo con el propósito de transformar el abismo que se había sembrado hace más de 500 años atrás. Porque tenía que transformarse esa vibración, esa energía que agobiaba a nuestro pueblo y no nos dejaba levantar. Nosotros sabemos quiénes somos. No necesitamos que ellos nos digan ‘ustedes son’, nosotros somos”, puntualizó, por su parte, la abuela Kukuya (“luz en la oscuridad”), de 70 años, cuyo nombre es Margarita Nogueras Vidal.

Logo Jayuya (El Nuevo Día)

Educamos a nuestros niños, les enseñamos los rituales… No somos idólatras, eso es cosa de los conquistadores… Es un estilo de vida, no una religión. Solamente creemos en un dios que es unitario, que es viento, es agua, es tierra y es fuego. Está en los elementos”, agregó.

Aquí, todos los primeros fines de semana de agosto se juntan para la celebración de las ceremonias taínas, que acogen como parte de la tribu a todo el que quiera participar. El primer día, que es el viernes, cada cual arma su caseta de acampar dispuesto a pasar dos noches en contacto con la naturaleza y reviviendo los ritos ancestrales. El sábado, a las 5:00 de la mañana, se enciende la hoguera -conocida como la llama del amor- que ubica en el centro del batey y que estará ardiendo hasta las 6:00 de la tarde del próximo día.

Así, entre talleres educativos y danzas, dan paso al proceso de limpieza y sanación espiritual. Ante el batey, con los pies descalzos, en contacto con la tierra y desde la puerta del sur, de la inocencia, se saluda, se honra y se entra en reverencia, con la palma de las manos hacia el suelo para sentir la vibración de la madre tierra, se da una vuelta completa al centro y se acomoda de cara a la piedra central. Si se ubica hacia el este, está buscando transformación; al norte, sanación o sabiduría; al oeste, una iluminación; y al sur, la persona está en un aprendizaje.

“Abre tu corazón y respira. Tócate el corazoncito. Respira”, indica paso a paso la abuela Kukuya de expresivos ojos azules, al lado del abuelo Makutok con su cabello blanco trenzado. Ambos, con plumas en mano y su indumentaria indígena, comienzan la limpieza o bendición. Van persona a persona, mientras ella agita la pluma alrededor del cuerpo, da un mensaje individual y, al finalizar, él echa la bendición tocando cada hombro.

Ante el batey, con los pies descalzos, en contacto con la tierra y desde la puerta del sur, de la inocencia, se saluda, se honra y se entra en reverencia, con la palma de las manos hacia el suelo para sentir la vibración de la madre tierra, se da una vuelta completa al centro y se acomoda de cara a la piedra central. (Xavier García)

Al tercer día, domingo, continúan en contacto con la naturaleza, dando gracias a la Tierra hasta que dan las 6:00 de la tarde y se apaga la hoguera. “Hecho está, ‘anankatú’”, concluyen al unísono.

La leyenda dice que el pueblo de Borikén ha de levantarse de nuevo, levantarse de verdad, ponerse de pie, asumir su responsabilidad y hacer lo que tiene que hacer para echar para adelante”, advierte Kukuya sobre la postura de la tribu ante los efectos del cambio climático y su misión de “hacer una alianza de paz entre otras tribus de la isla y del mundo” para lo que planifican un encuentro en marzo del año entrante.

Mientras tanto, el próximo 18 de diciembre llevarán a cabo la ceremonia del solsticio para celebrar las cuatro estaciones del año, evento al que invitan a todos los interesados en participar, “para que conozcan la importancia de conectar con la naturaleza”. Para más información, puede llamar al 787-664-7640.

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