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Un optimista con los pies en la tierra

Según Wadsworth, vivir para la naturaleza es posible, si apostamos a la juventud

La Feria Para la Naturaleza, el primer evento de la nueva unidad Para la Naturaleza del Fideicomiso de Conservación de Puerto Rico, será dedicada al Dr. Frank H. Wadsworth, quien es un pilar de la reforestación y la conservación, tanto en Estados Unidos, como en Puerto Rico y diversas regiones del Caribe, Centro y Sur América. En esta conversación, el Dr. Wadsworth nos habla sobre el futuro de la conservación como legado.

Estás ante un optimista esencial. Cuando conversas con él sus ojos tienen un joven brillo que contrasta con su cara de 97 años de edad. Su acento es estadounidense, pero habla un español perfecto salpicado de regionalismos boricuas.

Compartir con el Doctor Frank H. Wadsworth es como contemplar a un viejo roble nativo: su tronco da cuenta de la experiencia y el paso del tiempo, pero su alta copa florecida habla de la belleza que solo se alcanza con la fuerza de la sabiduría

Llegas a su hogar en Saint Just, Río Piedras, con la misma sensación con la que te adentras a un bosque: primero te sobrecoge ese encuentro con lo desconocido. Sin embargo, enseguida percibes que vives un momento único, donde cada descubrimiento te confirma que compartes el camino atemporal de la naturaleza.

“Me quedo con los jóvenes. Los adultos ya tienen su mundo hecho. En cambio, los jóvenes se atreven a hacer mucho más. De manera que debemos ir adonde ellos para que convenzan a los adultos”, responde el doctor Wadsworth cuando se le pregunta sobre el rol que deben tener los jóvenes y adultos en la conservación de la naturaleza.

Conversa lo justo. Habla calmadamente y evita frases rimbombantes. Casi habla en sentencias, y aunque parece que tiene una respuesta a toda pregunta, mantiene todavía la curiosidad propia de la niñez.

Te equivocas si crees que su apuesta a la juventud es movida por la condescendencia. Más bien es una característica muy suya de la que nunca se aparta.  Antes de graduarse como dasónomo en la Universidad de Michigan—donde obtuvo sus grados de bachillerato, maestría y doctorado—el pequeño Frank nacido en Chicago fue un Niño Escucha que disfrutaba de las actividades al aire libre.

Su espíritu aventurero y jovial fue el catalítico que lo llevó a trabajar en Alaska,  Arizona, Nebraska y Puerto Rico, como miembro del Servicio Forestal del Departamento de Agricultura de Estados Unidos. El mismo empuje lo llevó después a trabajar por la dasonomía en países como Belice, Bolivia, Colombia, Costa Rica, República Dominicana, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Venezuela, y hasta en latitudes tan distantes y diversas como el África Central y Malasia.

Legendario es un adjetivo que se queda corto con Wadsworth. Después de todo estás conversando con una persona que llegó a Puerto Rico en un barco que salió desde Mobile, Alabama, al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, cuando los submarinos alemanes eran la amenaza más temida en el Océano Atlántico y el Mar Caribe.

Si no le temió entonces a los submarinos nazis, menos le teme ahora a conciliar ideas a primera vista contradictorias, como podrían ser la conservación de los bosques y la producción de madera. Esa sana tensión entre la ingeniería forestal y la ecología define su trayectoria profesional.

“Sí, es posible”, responde de manera escueta cuando le preguntas sobre la posibilidad de producir madera y conservar los bosques a la misma vez.

Pero rápido añade, “aunque comenzaría a pequeña escala, produciendo madera para los artesanos. Cuando llegué a Puerto Rico se producía madera, no solo para la producción de artesanías sino para fabricar muebles y hacer las vigas de las casas del Viejo San Juan. Hay árboles que tienen que extraerse del bosque para permitir a los más jóvenes a que se desarrollen. Dejar a un viejo árbol caer y que suelte el carbono que contiene puede ser dañino para el bosque. Pero si lo extraemos evitamos esto y podemos utilizar su madera para la producción de artesanías o muebles”.

Cuando Wadsworth llegó, Puerto Rico, sus bosques estaban deforestados en un 94% para usos agrícolas. No obstante, su perspectiva de armonizar la conservación de los bosques con la producción de madera da cuenta de sus más de 70 años de trabajo para la naturaleza en Puerto Rico.

“Ahora estamos mejor. Los bosques han regresado. De manera que, Puerto Rico está más avanzado, en cuanto a la conservación se refiere, que muchos países de Latinoamérica. Cuando Puerto Rico se industrializó, los campesinos comenzaron a mudarse del campo a la ciudad en busca de trabajo en las industrias, lo cual propició un abandono de agricultura a gran escala, hecho que favoreció a los bosques”, explica con un optimismo contagioso.

No obstante, si le insistes en que es una paradoja histórica que la migración del campo a la ciudad y el distanciamiento de la naturaleza que esta causó, ayudó también a la regeneración de los bosques, te responde que tiene una confianza absoluta en los que vendrán para revertir esa tendencia.

“Para eso están los jóvenes. Por eso te hablaba de su importancia. Ellos son los que nos acercarán nuevamente a la naturaleza, de ahí la importancia en la educación como la mejor herramienta para la conservación”, dice con mucha seguridad.

Enseguida añade que Puerto Rico está bien encaminado en la conservación de áreas naturales.  Wadsworth cree que contar con un 33 % de terrenos protegidos en el país sería una meta plausible, aunque insiste en que en este momento la prioridad debe ser mejorar el manejo de las áreas naturales que ya están protegidas.

“No hay que reinventar la rueda. Los árboles y la naturaleza saben a donde van y lo que tienen que hacer. Somos nosotros los seres humanos, que no sabemos lo que queremos y a dónde vamos, los que creemos que le podemos decir a la naturaleza lo que tiene que hacer”, sentencia a secas, a la espera de la próxima pregunta.

Pero, ¿por qué este estadounidense—con más de 100 artículos, decenas de libros y folletos publicados, y que carga tantos títulos honorarios—decidió quedarse en Puerto Rico, cuando tuvo la oportunidad de trasladarse a otras jurisdicciones?

“Por la generosidad del puertorriqueño. Nunca olvidaré la generosidad de los campesinos que vivían en El Verde o El Yunque. A mi me parecía muy extraño que me ofrecieran sacos enormes llenos de farináceos o una taza de café, y no los podía aceptar por la reglamentación de mi trabajo. Pero rechazarlos era, y [todavía] es peor. Esa generosidad es la misma que tenían con nosotros [los dasónomos] en el bosque para indicarnos dónde quedaba cada vereda, cómo era tal o cual árbol o especie animal”, relata con una sonrisa quien vive y obra para la naturaleza.

 

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