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Un serio esfuerzo por evitarle a la Isla el caos

La dramática advertencia de un grupo de congresistas demócratas, que han presentado en el Senado estadounidense el proyecto que permitiría a las corporaciones públicas de Puerto Rico acogerse a la Ley de Quiebras federal, debe abrir los ojos, tanto a la administración del presidente Obama como a los miembros de la mayoría republicana, quienes frenan las alternativas para que la Isla pueda lidiar con el peor escenario, si éste se produce.

El senador Richard Blumenthal, demócrata por Connecticut, es el autor del proyecto. Junto a Charles Schumer, su homólogo por Nueva York, ha estado haciendo esfuerzos basados en la compleja naturaleza de una coyuntura que no solo sacudiría a Puerto Rico, sino que tendría efectos puntuales en los Estados Unidos. El caos financiero en la Isla, de acuerdo con los senadores, desataría una crisis humanitaria en la Isla.

Toda crisis humanitaria, en cualquier lugar del mundo, genera procesos migratorios fuertes. En Puerto Rico, la situación económica hace rato que está empujando a muchos puertorriqueños a emigrar. Sin embargo, ante una caída mucho más significativa y súbita, como la suspensión de pagos y el empobrecimiento masivo de la calidad de vida, la ola migratoria podría alcanzar niveles insospechados.

El senador Schumer ha razonado de este modo el asunto: “Permitir a Puerto Rico utilizar el mecanismo de la bancarrota no le va a costar a Estados Unidos un solo centavo. Pero si Puerto Rico no puede reestructurar su deuda, entonces va a pedirle al Congreso un rescate financiero de emergencia, que puede costar miles de millones de dólares. ¿Quieren ahorrar dinero? Permitan que esto ocurra”.

Coincidimos con el senador en parte. Pero no se trata solamente de “ahorrar dinero”, sino también de darle una respuesta coherente y moral a una encerrona que le ha sido impuesta a la Isla. La profunda dimensión de la deuda es consecuencia del derroche y de las malas decisiones administrativas de varios gobiernos sucesivos, pero la falta de alternativas para rectificar los errores y encaminar al País por otra senda procede del ambiguo o limitado terreno político en que nos movemos. El mismo Blumenthal definió como “anomalía” que Puerto Rico esté excluido de la cobertura del Capítulo 9 de la Ley de Quiebras federal, lo que, llegado el momento, podría dar paso a una catarata de litigios absolutamente inmanejable.

Diez congresistas, además de los dos ya mencionados, han sido los coautores de la versión senatorial del proyecto, un derivado casi idéntico del que radicara en la Cámara baja, a principios de año, el comisionado residente Pedro Pierluisi. El objetivo en ambos casos es el mismo: disponer de un instrumento que garantice una transición ordenada en caso de surgir un impago.

La lógica de estas medidas resulta positiva, incluso para la mayoría de los acreedores, teniendo en cuenta que en un escenario caótico, donde no haya una ruta establecida ni prioridades debidamente consignadas, siempre saldrían ganando aquellos bonistas que tuvieran mayor capacidad de movilización, más recursos legales y, en definitiva, más poder.

Al margen de estos procesos que se llevan a cabo en Washington, y tal como hemos sostenido desde este mismo espacio a lo largo ya de muchos meses, el Gobierno de Puerto Rico está en el deber de seguir buscando soluciones propias, identificando recursos y trabajando en su hoja de ruta para los próximos meses.

La reciprocidad de esfuerzos es un tema importante, porque a la vez que se les exige al Congreso y a la Casa Blanca un apoyo para sortear la crisis, hay que demostrar que en Puerto Rico se tiene una idea clara de hacia dónde hay que avanzar y bajo qué condiciones.

La confianza en nosotros mismos es la clave para recabar con éxito la confianza de otros.

 

Articulo de: http://www.elnuevodia.com/opinion/editoriales/unserioesfuerzoporevitarlealaislaelcaos-editorial-2074502/