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Zoológico de San Antonio libera en la Isla miles de renacuajos de sapo concho

Es parte de un esfuerzo más amplio para preservar la especie, que es el único sapo nativo de Puerto Rico.

Miles de renacuajos de sapo concho llegaron en los últimos días de diciembre pasado a Puerto Rico, procedentes del Zoológico de San Antonio, para ser liberados en la naturaleza, como parte de un esfuerzo conjunto entre varias instituciones, agencias y zoológicos, para lograr preservar esa especie nativa en peligro de extinción.

El sapo concho (Peltophryne lemur), la única especie de sapo nativa de Puerto Rico, solo se encuentra en su estado natural en el Bosque de Guánica, aunque gracias a los esfuerzos de reproducirlo en cautiverio y reintroducirlo a otras zonas donde antes habitó, podrían están surgiendo otras poblaciones más pequeñas en otras partes de la Isla.

Hace algunos años, llegó a pensarse que el pequeño sapo concho se había extinguido, hasta que fue redescubierto en Guánica. Sin embargo, continúa siendo considerado como una especie en peligro de extinción. Esa población de sapo concho en Guánica se estima que cuenta con apenas unos 1,000 a 3,000 ejemplares, que están expuestos a un sinnúmero de amenazas, que van desde eventos climáticos y cambios producidos por la actividad humana, hasta otros depredadores, en particular especies introducidas como perros, gatos, mangostas, iguanas y el sapo de caña o sapo marino, otra especie de sapo más grande y voraz. De manera que los esfuerzos de conservación son vitales para asegurar la subsistencia de sapo concho.

Alan Kardon, vicepresidente de Cuidado Animal y Horticultura del Zoológico de San Antonio, explicó que en esa institución se sienten “muy orgullosos” de ser parte del programa para rescatar el sapo concho boricua.

“Como zoológico, no estamos aquí solo para mostrar animales, sino también para conservarlos, y para educar al público”, afirmó Kardon, agregando que en la exhibición del zoo, en la parte donde está el sapo concho, muestran todo el tiempo un video educativo sobre los esfuerzos de reproducción y reintroducción en su ambiente natural.

El especialista explicó que el proyecto de conservación del sapo concho inició para la década de 1980, a través de la Asociación de Zoológicos y Acuarios (AZA), y desde entonces ha ido evolucionando. Actualmente, el programa continúa bajo la organización sin fines de lucro Conservación del Sapo Concho, y participan una veintena de zoológicos, incluyendo el de San Antonio que se integró en 2010, en colaboración con el Servicio de Pesca y Vida Silvestre federal y el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA).

“Son unos 20 zoológicos que se ocupan de mantener, reproducir y enviar renacuajos para ser liberados en Puerto Rico”, comentó.

Seguridad reproductiva

Detalló que para participar de este programa, se necesita contar con instalaciones que sean bioseguras, es decir, que tienen que ser espacios donde los sapitos estén completamente aisladas de cualquier otra especie.

En sus inicios, el programa además de procurar la liberación de renacuajos, buscaba asegurar que, si esa pequeña población que quedaba en la vida silvestre, desaparecía por cualquier causa, al menos quedarían ejemplares en cautiverio para evitar su extinción total.

“Ahora el programa ha avanzado cada vez más, y se han unido más organizaciones, con instalaciones bioseguras, al punto que ahora cada año tenemos recomendaciones específicas para la reproducción, con individuos escogidos para asegurar que produzcan una descendencia que sea genéticamente viable”, comentó.

Sin embargo, no hay garantía de que se reproduzcan, aun cundo en sus instalaciones tratan de que esto ocurra en condiciones naturales, incluyendo luz, humedad, lluvia, y demás.

Hace dos años, el Zoológico de San Antonio apenas logró que una pareja se reprodujera, apenas hubo huevos y no pudieron liberar ningún renacuajo. El año pasado, en cambio, fueron el único zoológico entre los participantes que estaban en agenda para liberar en Puerto Rico una cantidad significativa de huevos, traducidos en 5,700 renacuajos.

El proceso

Una vez ponen las parejas a reproducirse, si logran que pongan huevos, sacan a los adultos, para evitar que puedan dañar los huevos. Los renacuajos comienzan a salir a los cuatro o cinco días. Y poco después, en unas dos semanas, están listos para su vuelo a Puerto Rico.

“Preferimos que los renacuajos no pasen demasiado tiempo en nuestras charcas. Mientras más tiempo pasen en las charcas de los sitios de liberación, mejor”, comentó Kardon.

La reproducción, explicó, se coordina entre todos los zoológicos participantes para que se haga al mismo tiempo, y se pueda trasladar al mismo tiempo a Puerto Rico para su liberación.

“Es un proceso bien planeado, todos a la vez, poniendo las parejas al mismo tiempo, con la esperanza que produzcan huevos, que salgan los renacuajos al mismo tiempo, para transportar los renacuajos al mismo tiempo a Puerto Rico, algo que hacemos por FedEx. Y todos los renacuajos se cuentan”, relató.

El transporte se hace en unos recipientes especializados, y todos los renacuajos, de todos los zoológicos que hayan tenido éxito, se transportan el mismo día. Una vez llegan a la Isla, oficiales del DRNA y otras organizaciones se ocupan de llevarlos a los sitios donde son liberados.

Las liberaciones se hacen en varios puntos de la Isla, en el norte y en el sur, en busca de lograr establecer nuevas poblaciones. Los renacuajos se sueltan en charcas artificiales protegidas, con la esperanza de que sobreviva la mayor cantidad posible, aunque eso depende de un sinnúmero de factores.

“Hace unos años liberamos varios, y les pusimos una marca fluorescente para que brillaran y pudiéramos verlos en la oscuridad con una luz especial, y una noche encontramos un sapo de caña bien grande y cuando lo alumbramos tenía la boca brillando, llena de renacuajos”, comentó. “Eso, y la alteración de su hábitat, son las mayores amenazas del sapo concho”.

Kardon explicó que para el Zoológico de San Antonio es muy importante la labor de conservación de especies.

“Si podemos lograrlo, salvar esta especie en particular, tenemos el espacio bioseguro dedicado a eso, ¿por qué no? Es decir, tenemos que mantener los animales, pero poner animales de vuelta en la vida silvestre cuando existe la oportunidad, ese es el objetivo máximo. La meta final es que esa especie continúe, que no se extinga. La meta no es que lo veas solo aquí. Lo peor que puede suceder es que la única vez que puedas ver un sapo concho es cuando visites nuestro zoológico. Esa no es nuestra meta. La meta es que lo reproduzcamos, que eduquemos a nuestros visitantes de que todas las especies, sea un rinoceronte, un sapo, una mariposa, todas las criaturas vivas son parte de nuestro mundo y que nos apoyen para asegurarnos que sigan existiendo”, sostuvo.

“Se trata de eso. Intentar proteger la vida silvestre en cualquier parte del mundo. Es lo que somos, es nuestro ADN. Es lo que hacemos como entidad de conservación”, insistió, agregando que han trabajado con programas para salvar grullas, lagartos, peces, entre otras especies.

“Tenemos programas a través de todo el mundo, ayudamos a la conservación dondequiera que podamos. Y el sapo concho era un candidato perfecto, así que por supuesto que nos unimos”.

Y los esfuerzos no han sido en vano, pues “definitivamente están viendo sapos adultos en las charcas de liberación, que regresan allí. Cada año, en la época de reproducción van a inspeccionar, y han visto renacuajos, sapos. Esa es la naturaleza. Porque no ha habido liberaciones ahí, y hay sapitos y renacuajos. Son adultos que llegan de algún lugar, de liberaciones anteriores, regresan a esas charcas, se reproducen y vuelven al bosque”.

“Personalmente, me siento muy optimista de que este es un programa exitoso. Creo que habrá más poblaciones en áreas donde existió antes el sapo concho”, aseguró Kardon. “Creo que, si sigue así, si no pasa nada malo en esas áreas, si se protegen esas áreas, se eliminan los depredadores y no hay ningún desarrollo (de construcciones), creo que veremos que regresan”.

“Si el sapo concho era la única especie de sapo en Puerto Rico, antes que se introdujeran otras especies invasoras y depredadores, era por una razón. Esas especies nativas, todas son parte de un rompecabezas. Y para que haya un ecosistema saludable, necesitas todas las especies, todas las piezas. Cuando empiezas a eliminar especies del ecosistema, es un efecto de cascada. Lo que sea que hacía el sapo concho, las especies que controlaba, ya no se controlan, porque no está el sapo concho, y todo se sale de su balance”, afirmó.

Reiteró que “estamos muy orgullosos, todos aquí en el Zoológico de San Antonio, de poder ser parte de este programa y hacer lo que podemos para conservar esta especie única de Puerto Rico. Hacemos nuestra parte en ayudar a nuestros socios en Puerto Rico, porque es un esfuerzo conjunto, de muchos socios, y nosotros hacemos nuestra parte para lograrlo”

“Si podemos salvar una especie, como el sapo concho, eso tiene un propósito. Hay una razón para que evolucionara en la isla de Puerto Rico, un propósito, y queremos asegurarnos que siga allí. De la manera que sea que podamos, vamos a ayudar. Y eso es lo que hacemos en el Zoológico de San Antonio, de eso se trata, proteger la vida silvestre en todas sus áreas, sea un caracol, un sapo, todos estamos comprometidos con esta misión”, insistió.

Si conocer más sobre el programa para salvar al sapo concho, puede acceder a portal de Conservación del Sapo Concho, crestedtoad.org, y en el portal del Zoológico de San Antonio, www.sazoo.org, así como sus cuentas oficiales en las redes sociales principales.

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