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Al rescate de las abejas en Loíza

El municipio y la Escuela de Apicultura del Este inician un proyecto de producción de miel y conservación

abejas en Loiza

La cueva María de la Cruz, en este municipio, no solo es hogar de los restos arcaicos de Puerto Rico descubiertos por Ricardo Alegría hace casi 70 años. También es un santuario de abejas.

Esta última designación, sin embargo, no es muy conocida. Ni siquiera para los loiceños. Pero un esfuerzo colaborativo entre el Municipio y la Escuela de Apicultura del Este, iniciado hace tres meses, busca darle a la cueva –declarada monumento histórico en 1972– un nuevo encanto.

Todo inició con una evaluación de las colmenas en el techo de la cueva, algunas de las cuales se extienden hasta tres pies. A juzgar por la cantidad y flujo de abejas, las 38 colmenas contadas tienen entre cinco y seis años de formación. En cada una puede haber hasta 90,000 abejas.

“Aquí están colgadas en su estado natural. No están en peligro. Esta cueva es única en Puerto Rico y el Caribe pues, en vez de murciélagos, tiene abejas”, resaltó Hermes Conde, director de la Escuela de Apicultura del Este, que fundó hace tres años para “concienciar y acabar con la matanza indiscriminada” de abejas.

Además de la evaluación de las colmenas, se limpió el interior y los alrededores de la cueva, “que estaban siendo utilizados como vertedero clandestino”.

Luego de acondicionar la zona, se creó un jardín de bromelias, plantas de jengibre y árboles de maga. Conde explicó que la reforestación con este tipo de plantas no fue casualidad, pues crean flores y conservan agua.

“Estamos hablando de árboles poliníferos, es decir, que producen polen y néctar para las abejas. Esta ha sido una reforestación y recuperación de hábitat bien pensadas, pues se trata de un proyecto beneficioso para Puerto Rico completo. Sin abejas no hay agricultura”, aseveró.

Educación y Turismo

La intención del esfuerzo entre el Municipio de Loíza y la Escuela de Apicultura del Este es que la cueva María de la Cruz se convierta en un centro educativo y turístico. De hecho, cuando El Nuevo Día visitó el área el pasado martes, un pequeño grupo de turistas tomaba fotografías de las colmenas.

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