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Apoyo a los desplazados por el cambio climático

A raíz del desastre causado por el huracán Dorian en las Bahamas, miles de personas han tenido que abandonar lo poco que les quedó para moverse a otras tierras, de forma similar a lo vivido por miles de puertorriqueños hace casi dos años, cuando el poderoso ciclón María devastó a Puerto Rico.

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Los desplazamientos poblacionales son otro efecto significativo del cambio climático, cuyo impacto afectará cada vez más vidas mientras no se actúe con contundencia para frenarlo. Se estima que alrededor de 10,000 residentes de las islas Gran Bahamas y Ábaco han tenido que moverse a la capital, Nassau, y otros destinos como secuela del segundo huracán más potente en el Atlántico desde que se tiene registro; 4,000 habían llegado esta semana a Florida. La proporción, de acuerdo a población, se asemeja al éxodo de puertorriqueños tras el golpe de María, entre el 4% y el 6% de los habitantes.

Por nuestra condición de isla ubicada en la ruta de huracanes, Puerto Rico tiene que prepararse para esta nueva realidad que altera rutinas y desestabiliza la economía. Es evidente que el cambio climático dejó de ser una teoría lejana. Es el nuevo contexto que ya reconfigura nuestras sociedades. Y hacen falta transformaciones profundas —políticas, sociales e individuales— para enfrentarlo.

Por décadas la inestabilidad política, las guerras y la hambruna han propiciado éxodos masivos. Hoy, mucha gente se ve forzada a emigrar, a veces hasta sin documentos, porque un desastre natural les arrebató su hogar y todas sus pertenencias. Esa es la realidad de los bahameños que han quedado de forma imprevista indocumentados y desamparados. Esto ha dificultado a su entrada a Estados Unidos, el vecino inmediato más cercano.

La situación se complica en tiempos en que la xenofobia, el racismo y otras intolerancias, se propagan como un virus.

A esta nueva vertiente de desplazados se les ha llamado refugiados ambientales o climáticos. Organizaciones internacionales estiman que 265 millones de personas han sido desplazadas por desastres entre 2008 y 2018 en todo el mundo. La mitad, fue obligada a moverse por inundaciones, un riesgo común en la isla. El 34% fue víctima de tormentas y el 12% emigró por la destrucción causada por terremotos y tsunamis. También, los incendios forestales, temperaturas extremas o sequías que han llegado al punto de convertir lagos en desiertos empujan la emigración.

La duración de los desplazamientos depende de la severidad del desastre y de las capacidades de recuperación social y económica de las comunidades, sostienen expertos. En cualquier caso, estas personas enfrentan los mismos retos o dificultades que quienes huyen de sus países por conflictos armados, represión o violencia. Por lo general, sufren rechazo y hambre; algunos quedan expuestos a la trata humana o se les segrega en asentamientos precarios.

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