Menú

Biomímesis: tras la sabiduría de la naturaleza

‘Bio’, para significar vida, y ‘mímesis’ para imitar

Biomímesis

¿Qué pasaría si la humanidad diera un giro a su relación con la naturaleza a la altura del siglo XXI? En vez de utilizar la ciencia para explotar la naturaleza a favor de su beneficio material…

¿por qué no colocar el rigor de la investigación científica al servicio de emular los comportamientos de la naturaleza que ayuden a resolver algunos de los problemas más apremiantes, como por ejemplo, la presencia de plásticos en los océanos o la generación de energías renovables?

La escritora y científica estadounidense Janine Benyus fue quien en su ya clásico texto, Biomímesis: cómo la ciencia innova inspirándose en la naturaleza, acuñó el término que combina las palabras griegas ‘bio’, para significar vida, y ‘mímesis’ para imitar. Biomímesis es la ciencia basada en la imitación de los modelos, sistemas y elementos de la naturaleza con la finalidad de resolver problemas humanos complejos.

A pesar del reto de aprendizaje que para la humanidad representa la incorporación de la biomímesis como parte de la solución a sus problemas, el esfuerzo y cambio de paradigma ya vienen siendo, más que necesarios, urgentes.

Según Benyus, en una primera etapa de la biomímesis podemos imitar una forma natural para diseñar una solución a un problema. Dos ejemplos de invenciones que llevan en uso hace décadas podrían ser el velcro y las chapaletas.

El velcro imita los micro ganchos que hay en cada semilla de eso que en Puerto Rico llamamos ‘caíllos’, o cardos. Cada micro gancho se adhiere fácilmente a una superficie lanuda o enmarañada. Mientras las chapaletas imitan las formas de las ancas de las ranas o patas de aves acuáticas, con un innovador diseño que le ayuda al ser humano a desplazarse con agilidad en el mar.

En un segundo nivel de biomímesis, se imita un proceso natural. En Inglaterra, la empresa Sound Foresight ya comercializa un bastón guía para personas no videntes llamado UltraCane inspirado y modelado en el sistema de ecolocalización que utilizan los murciélagos.

Sin embargo, el tercer nivel de biomímesis, en el que copiamos el funcionamiento de los ecosistemas, es un reto científico de palabras mayores, pero es precisamente el que quizás alberga la solución a esta situación insostenible en la que se ha colocado la humanidad debido al impacto adverso que ha tenido sobre la naturaleza. Puesto en palabras sencillas: la solución está en la naturaleza.

Esta nueva actitud, necesaria para alcanzar un alto nivel de intimidad y entendimiento con la naturaleza, no debe descansar sólo sobre los hombros de científicos o innovadores, sino que debe ser la mecha que encienda el interés ciudadano en comprender los procesos de los ecosistemas en los que viven para hacerse custodios de su protección.