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Entendiendo el Calendario Ecológico

Ante el reconocimiento del Calendario Ecológico Para la Naturaleza en la Bienal Iberoamericana de Diseño 2020 (BID2020), conversamos con el equipo de diseño de Para la Naturaleza para entender mejor el proceso creativo detrás de esta pieza, parte herramienta educativa, parte obra de diseño.

Partiendo de una conversación con Ramdwin González-Otero, co-autor del Calendario junto a la Dra. Anayra Santori Jorge, logramos conocer más sobre el contexto, el proceso y el futuro de la hermosa pieza.

El Calendario Ecológico Para la Naturaleza nace como una respuesta ante la necesidad en desarrollar una cultura ecológica en nuestro país. Crear una cultura ecológica se trata de crear conciencia sobre la naturaleza, sus ciclos y lo fundamentalmente interdependientes que son con los nuestros. Una cultura ecológica nos llama a crear hábitos que nutran de manera positiva a esta relación humano-naturaleza. Nuestras vidas dependen de la naturaleza. Protegerla es protegernos, y no hacerlo tiene y seguirá teniendo graves consecuencias para las comunidades humanas.

La cultura ecológica exige que nos detengamos a observar la naturaleza y nos guía en el proceso de entender qué ocurre a nuestro alrededor mientras celebramos nuestros cumpleaños, cumplimos con fechas límites para entregar trabajos, esperamos con ansias los días libres y otros días importantes dentro de nuestros otros calendarios. 

El calendario es una herramienta cultural para representar el paso del tiempo a través de una serie de eventos comunes y recurrentes. Hoy, más que nunca, nos toca volver la mirada sobre la naturaleza. 

Más que un cuadro, una escuela

En el calendario encontramos una variedad extensa de datos científicos sobre eventos que ocurren en la naturaleza durante todos los días del año. Desde las fases de la luna, a cuándo florecen y fructifican nuestros árboles nativos, la cantidad de horas del sol que recibimos al día, temporadas de lluvia y sequía, el calendario nos ayuda a ubicarnos dentro de estos procesos naturales para poder seguirlos, observarlos e incluso predecirlos. 

Ramdwin nos explicó que el calendario se crea con dos enfoques principales: el diseño y la experiencia del usuario. ¿Cómo representamos fielmente los procesos naturales que están ocurriendo? ¿Cómo lo hacemos de una forma que las personas puedan leer con facilidad e interactuar de manera que, el calendario cada vez más se convierta en un documento vivo? Estas son las preguntas que lo guiaron junto a la profesora Santori en el proceso de confección de esta pieza. 

Se puede pensar en el calendario como una forma de reunir las voces de la comunidad ecológica de la organización y otras entidades ambientales y científicas en Puerto Rico. Se comienza por identificar documentos que componen la base del calendario, como las fases de la luna según la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA por sus siglas en inglés). También se utiliza el Manual para la Producción de Árboles y Arbustos Nativos de Puerto Rico que contiene información detallada sobre el proceso de floración y fructificación de 127 especies. Para la información de las aves, se consultó a recursos internos de la organización con experiencia en la observación e identificación de aves nativas, endémicas y migratorias. 

Ramdwin describe este proceso como uno de redactar una tesis. De la misma forma que se cita a otros autores, el calendario cita a expertos en cada tema para construir uno a uno la imagen del calendario. La cantidad de datos que resultan de estas consultas requiere entonces un proceso adicional de filtración u organización de los mismos para asegurar poder presentar todo de forma que sea fácil de digerir y entender para el usuario. Esto provoca lo que describe como un ejercicio de preguntas genuino: “¿Qué sería valioso para alguien ver en relación con las aves? ¿Cómo, más allá de especies individuales, representamos los patrones de floración y fructificación por temporada teniendo en consideración que no todo se puede representar?”.  El diseñador se adentra en un proceso de entender al detalle la información científica para poder sintetizarla y presentarla. 

De los datos al diseño 

El calendario busca emular la naturaleza, por lo que la primera decisión que se toma es la de alejarlo del formato lineal para representar lo mejor posible la naturaleza cíclica de estos procesos. “No los calendarios que pegamos en nuestras neveras… sino situaciones, momentos o eventos naturales que se presentan de manera cíclica, que están en constante cambio”, explicó. Estas premisas ponen en escena una de las metas. 

Al observar el Calendario, podemos notar el color amarillo que representa la distribución anual de horas del sol sobre el archipiélago de Puerto Rico. La distribución relativa de la precipitación del año se ilustra con la franja azul. Los meses de floración y fructificación de las 127 especies de árboles, arbustos y plantas nativas, que Para la Naturaleza produce en sus cinco viveros, están representados por las franjas magenta y verde, respectivamente. En el centro está el sol, rodeado de una elíptica que ilustra la órbita terrestre. 

El reto más grande fue encontrar cómo representar tantos datos de forma accesible: cómo determinar qué es lo más importante y cómo presentarlo de forma que también le ‘haga justicia’ a la fuente de información y que mantenga suficiente nivel de detalle para seguir funcionando como una herramienta educativa. El calendario se convierte en una representación gráfica del contenido. Van tomando decisiones estéticas en base a la información. 

A pesar de su origen digital, Ramdwin asegura que el calendario es mucho más ‘artesanal’ de lo que parece. Por ejemplo, “las lunas que delinean el calendario en la parte de afuera son colocadas a mano, una a una”. Aunque se trata de un proceso que requiere mucho tiempo y atención al detalle, lo describe como uno que te conecta con el proyecto y sus posibilidades. Describe la confección del calendario como una delicada e íntima. 

El calendario a futuro 

De aquí a cinco años, todas estas hojas de datos que componen el visual del calendario podrían ayudarnos a realizar un análisis informado del comportamiento de la naturaleza y sus cambios. También a futuro, es una herramienta que los ciudadanos y ciudadanas podríamos nutrir con datos observados en el día a día. Una versión en línea del calendario podría viabilizar y facilitar estas documentaciones de interacciones con el mundo natural. Ramdwin expresó que espera poder trabajar esta versión digital en un futuro cercano. 

El calendario busca ser accesible y relevante, por lo que necesita mantenerse un documento vivo, en conversación constante con quienes lo siguen y nutren con información nueva. En términos de los datos que lo alimentan, se vislumbra que la próxima versión del calendario incluya la observación de aves migratorias y patrones de anidamiento de tortugas marinas. 

El calendario, lo cotidiano y la cultura ecológica 

Luego de observar este proceso de cómo los datos que observamos y documentamos llegan al calendario, las posibilidades parecen ser infinitas. De igual forma, continúa el reto que presenta la cantidad de información disponible y la búsqueda de la forma más efectiva de trasmitirla. Al describir este proceso, con ilusión y con desesperación jocosa, se ríe y nos pregunta: “¿Cómo ilustramos la llegada de las ballenas?”.

Retomamos la invitación que nos hace esta pieza de detenernos a observar estos procesos naturales que tanto inciden en nuestra supervivencia y nuestro bienestar. Buscamos, a través del valor de la información que contiene y la accesibilidad de los datos a quien lo lee, incorporar el calendario a lo cotidiano. 

Desde la página web que verificamos para saber cuándo hay luna llena o, cuándo podemos esperar recoger frutos de alguna especie de interés en qué época sembrar para asegurar lluvias constantes… el calendario podría habitar espacios diarios como un cuadro en nuestra sala, una camisa, un termo de agua… podría incluso habitar espacios públicos como el piso de las plazas o en murales, ofreciendo diversas formas de interactuar con él. 

La idea es provocar preguntas, conversaciones e incluso hábitos que poco a poco construyan la cultura ecológica a la que aspiramos como organización y como país. 

El impacto que tiene esta obra en el observador es inmediato. En su cumpleaños noventa y tres, Noel Colón Martínez recibió el Calendario Ecológico como regalo. Luego de contemplarlo un rato en silencio levantó la mirada y dijo, “es que esto no es un cuadro, esto es una escuela”.