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Escuela Inés María Mendoza de Caimito recupera su huerto escolar

Los estudiantes piensan cosechar calabazas y otras hortalizas para el consumo del comedor escolar del plantel, estudiantes y familiares

Durante tres meses unos treinta estudiantes de nivel elemental e intermedio de la Escuela Segunda Unidad Inés María Mendoza, de Caimito, trabajaron largas horas luego de clases para remozar lo que quedó de su huerto escolar luego del paso del huracán María. 

El programa Luego de Clases, que lleva a cabo la organización Para la Naturaleza gracias a los fondos otorgados por la National Recreation Foundation, es un programa para atender las propuestas de necesidades de cinco escuelas en diferentes partes de la Isla y ofrecer un taller educativo a estudiantes luego del horario de clase regular.

En esta ocasión, la comunidad escolar de la Escuela Inés María Mendoza de Caimito, perteneciente al Instituto Nueva Escuela, de la corriente educativa Montesorri, propuso remozar su huerto escolar. El proyecto fue diseñado por los propios estudiantes, quienes trabajaron en conjunto con su maestra y personal adiestrado de Para la Naturaleza.

En el huerto se trabajaron bancos de siembra, limpieza de área, una compostera y una verja que rodea el área para que a partir de agosto, cuando los estudiantes regresen de sus vacaciones, puedan comenzar a sembrar y cosechar. Incluso, los estudiantes participaron de una gira a Hacienda la Esperanza, en Manatí, y a la finca Frutos del Guacabo, donde aprendieron sobre la rotación de cultivos y las asociaciones beneficiosas entre distintas plantas.

También recibieron una orientación para identificar qué cosechas pueden producir en su huerto, saber identificar las siembras adecuadas para su espacio, clima y necesidad, qué tipo de raíces pueden tener y cuáles son las asociaciones beneficiosas y perjudiciales entre las plantas, así como la duración de las cosechas para asegurar el tener cultivos constantemente. La cosecha producida en el huerto se utilizará para consumo del comedor escolar, así como para recaudar fondos mediante la venta de la cosecha.

“Me gustó mucho la experiencia de trabajar en el huerto y de tener un proyecto que podremos dejar a otros niños para que puedan disfrutar de lo que hemos hecho y lo continúen haciendo mejor”, comentó Juan, estudiante de nivel elemental y participante del proyecto.

Por su parte, Rosa Ferrer Camacho, maestra encargada del proyecto mencionó que “se sembró una semilla en ellos de amar a la naturaleza y de amar a su País. Ellos construyeron, sembraron y trabajaron juntos. Necesitamos jóvenes independientes. La experiencia ha sido maravillosa, como guía agradezco que nos hayan incluido en este esfuerzo. Ellos aprendieron a sembrar, a identificar especies de árboles y amar su tierra. Es parte de convertirlos en excelentes seres humanos y en nuestro compromiso como escuela Montessori”.

“Los estudiantes me sorprendieron mucho, ellos trabajaron su proyecto en grupo, diseñaron la verja, trabajaron fuerte durante las tardes y se querían quedar hasta terminar las tareas que tenían. La importancia del apoyo que tuvieron tanto de la escuela como de sus padres y familiares fue esencial; siempre queremos dejar esa huella y aportar a mejorar su estilo de vida”, añadió Melba Ayala Nieves, intérprete ambiental de Para la Naturaleza encargada del proyecto.

Otras escuelas participantes del programa Luego de Clases son la Escuela Luis Llorens Torres con un mariposario; la Escuela Nueva Urbana, en Ciales, con un huerto escolar; la Escuela Manuel Elzaburru Vizcarrondo con un huerto móvil y la Escuela Francisco Matías Lugo, con otro mariposario. Todas las escuelas son pertenecientes a la corriente Montessori que cuentan con el respaldo del Instituto Nueva Escuela.