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No hay tiempo que perder ante el cambio climático

La comunidad científica internacional se ha pronunciado con contundencia esta semana: el cambio climático se ha extendido rápidamente y se está intensificando. Está probado por métodos científicos y las implicaciones de este inmenso desafío que enfrenta la humanidad afectan todas las instancias de la vida: salud, economía, seguridad alimentaria y la propia sobrevivencia.

A esa realidad tienen que responder las políticas públicas de Puerto Rico, a la par con los planes de la administración federal en Estados Unidos. Basta salir al aire libre y sentir el calor, observar la reconfiguración de nuestras costas, notar la alternancia en los patrones de lluvia y sequía en la isla y ver los cambios en pronósticos meteorológicos este año – tres – para comprender los previsibles aumentos en la cantidad de tormentas y huracanes de intensidad mayor esta temporada.

El informe más reciente del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas, dado a conocer el lunes, advierte que muchos de los cambios observados en el comportamiento climático no tienen precedentes en miles, si no cientos de miles de años. Algunos, como el aumento en el nivel del mar, que tiene un impacto directo en islas como la nuestra, son irreversibles.

El estudio, el sexto que emite el grupo de científicos provenientes de 66 países, y que incluye un total de 78,007 comentarios de expertos y revisiones de gobiernos, añade recomendaciones de política pública que urge adoptar.

El informe destaca que se están intensificando los ciclos asociados al agua, lo que provocará aguaceros más intensos e inundaciones relacionadas, así como sequías más severas en muchas regiones. Recordemos, por ejemplo, que en el área metropolitana de San Juan bastan unas pulgadas de lluvia para que la ciudad colapse. O las sequías que en las últimas décadas han provocado racionamientos de agua en la isla.

Sobre las costas, que en Puerto Rico abarcan unas 700 millas, los estudiosos coinciden en que continuarán siendo escenario de inundaciones más frecuentes y erosión. Eventos extremos de aumento en el nivel del mar, que previamente ocurrían una vez cada cien años, podrían ocurrir cada año a fines de este siglo. Es el mundo que heredarán nuestros hijos y nietos. Un planeta con cientos de especies de flora y fauna extintas, donde los llamados refugiados climáticos sumarán millones.

Por décadas y hasta nuestros días, estos datos se han recibido con escepticismo y negación. Pero el tiempo es inclemente y las señales son claras. Sin acción, aún lo reversible quedará atrás.

Con frecuencia se entiende que es poco lo que Puerto Rico puede hacer porque su huella ambiental puede ser mínima ante las grandes naciones emisoras de carbono en el planeta. Por lo pronto, podemos prepararnos mejor con políticas que aseguren el balance necesario entre el desarrollo económico y humano y la protección del ambiente y los recursos naturales indispensables para proteger vidas y propiedad. También, a todos los niveles pueden adoptarse prácticas responsables y sostenibles.

Por primera vez en su historia Puerto Rico cuenta con partidas multimillonarias de fondos federales dirigidos, precisamente, a mitigar y adaptar a la isla a estos cambios que ya tienen lugar en costas, valles y montañas. Conocer el embate directo y trágico de un huracán de intensidad mayor tiene que servir para que, de una vez, la isla evite pérdidas de vida y económicas similares ante los eventos que con certeza llegarán, según los pronósticos. Incluso la pandemia del COVID-19 y sus consecuencias en la isla deben arrojar luz para crear un sistema de salud justo, transparente y preparado para enfrentar las nuevas enfermedades o complicaciones creadas por el cambio climático.

Ya existe un comité asesor del gobierno para establecer las pautas que deben seguirse de cara a cambios que ocurren en tiempo real aquí y en todo el globo terráqueo. Tienen a la mano numerosos estudios y recomendaciones propuestas por una comunidad científica local activa y comprometida.

No hay tiempo que perder. A todos los sectores corresponde sentarse a la mesa para acordar y producir en conjunto los golpes de timón que cambien el rumbo de la isla hacia un desarrollo integrado y seguro.

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