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¿Por qué se hunden las calles adoquinadas del Viejo San Juan?

A diario carros y transeúntes pasan sobre estas piezas históricas contribuyendo con su presión al deterioro

calles adoquinadas en San Juan Puerto Rico

Para sorpresa de muchos, los adoquines azulados del Viejo San Juan son más jóvenes de lo que tradicionalmente se piensa, resaltó Andrés Rivera, historiador y fundador de la Sociedad Puertorriqueña de Dibujo de Edificios Históricos.

Esto pese a que la ciudad amurallada cumple el próximo año cinco siglos desde que los españoles la fundaron.

Particularmente, la pavimentación de las calles del Viejo San Juan se remonta a 1772, cuando el gobierno de aquel entonces decidió colocar en el suelo pedazos de piedras. 

Luego en 1880 instalaron en el casco histórico adoquines de madera.

No fue hasta el 1890 cuando los adoquines azules, que actualmente permanecen en gran parte de la isleta, llegaron a la isla, según el libro “Memorias”, del fenecido escritor Pedro Tomás Córdova.

Los adoquines, provenientes de Inglaterra, tienen seis pulgadas de profundidad, ocho pulgadas de largo y 4.5 pulgadas de ancho. Las piezas tienen una base de piedra, pero cuentan con una capa azul de media pulgada de escoria, un metal que le aplicaban derretido y que les dio el color azul, explicó Rivera.

El propósito de esa capa era hacerlos más resistentes y evitar la porosidad.

No obstante, el historiador precisó que esos adoquines fueron instalados sobre túneles en forma de arco que formaban parte de un sistema de drenajes de agua que provenían de cisternas ubicadas debajo de las residencias.

Los túneles y las cisternas todavía tienen presencia debajo de las calles adoquinadas y las casas del Viejo San Juan que hoy conocemos.

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