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Usan esperma de corales de Puerto Rico para salvar especies en otras partes del mundo

La aceleración del cambio climático y sus peligrosas consecuencias para el medio ambiente han hecho que un grupo de científicos de la Universidad Estatal de Pensilvania enfocaran su mirada en el Caribe, específicamente en Puerto Rico, en busca de soluciones para salvar los arrecifes de coral en todo el mundo.

Para lograrlo, han transportado esperma congelado de coral desde las aguas de Puerto Rico, para fecundar sus huevos, con la esperanza de que el aumento de la diversidad genética haga a los corales más resistentes a los efectos del cambio climático de ahora en adelante.

La profesora de biología en Penn State y una de las líderes del equipo de investigación, Iliana Baums, expuso la importancia que tienen los arrecifes para el ecosistema, pues “proporcionan un hábitat para una asombrosa diversidad de especies, protegen las costas y son económicamente importantes para la pesca”.

Pero ¿Cuál es el procedimiento?

Según un comunicado publicado por el Eberly College of Science de Penn State, científicos creen que la diversidad genética alimenta la capacidad de una especie para adaptarse a circunstancias difíciles, como lo es el calentamiento global.

Para esto, la clave está en la reproducción sexual, pues es así como se crean nuevas combinaciones de genes cuando un espermatozoide fecunda un óvulo.

Durante la investigación, descubrieron que la reproducción sexual entre los corales “cuerno de alce” ubicados en la zona del Caribe es “extremadamente rara”, y debido a la naturaleza estacionaria del coral, tienen pocas posibilidades de ganar diversidad a través de la interacción con arrecifes que se encuentra más lejos, lo que los hace extremadamente vulnerables a los efectos del aumento en las temperaturas oceánicas.

El coral “cuerno de alce” es uno de los corales constructores de arrecifes más importantes del Caribe. Esta especie de coral se incluyó en la lista de especies amenazadas tras un grave brote de enfermedad que causó una mortalidad generalizada, disminuyendo la población a menos del 3%.

El calentamiento de las temperaturas oceánicas es un factor de estrés adicional para estos corales.

Según un estudio de Fish & Wildlife Foundation, los arrecifes de coral ocupan menos del 1% de los océanos del mundo, pero aproximadamente el 25% de las especies de peces marinos habitan en ellos en algún momento de su vida.

“Para aumentar la diversidad genética de los corales, podemos utilizar el ‘flujo genético asistido’ reuniendo corales que están físicamente distantes en la naturaleza, pero esto es increíblemente difícil desde el punto de vista logístico”, añadió Baums.

De igual manera, la autora principal del estudio y bióloga investigadora del Instituto Smithsonuan, Mary Hagedorn, explicó que la mayoría de los corales solo intentan reproducirse sexualmente una vez al año, y por esto, sus óvulos y esperma solo son viables durante un corto periodo de tiempo.

Ante este panorama, se recogieron los huevos en Puerto Rico y Florida, separaron los óvulos y el esperma y se congeló el esperma mediante una técnica de vanguardia de criopreservación con nitrógeno líquido.

Algunos de estos espermatozoides se mantuvieron congelados en el banco de genes del Programa Nacional de Germoplasma Animal del USDA hasta 10 años. El esperma congelado se transportó a la Isla de Curazao, donde se descongeló y se utilizó para fecundar huevos frescos recogidos en la zona.

Los huevos fecundados se convirtieron en larvas que fueron transportadas al Laboratorio Marino Mote y al Acuario de Florida, donde se les permitió desarrollarse hasta convertirse en adultos.

Los corales se reproducen enviando haces de huevos y esperma al agua en un evento submarino que tiene lugar durante las lunas llenas.

Según el Instituto Smithsonuan, existen muy pocas colecciones de especies criopreservadas, por lo que las técnicas de conservación son una sólida promesa para ayudar a contrarrestar las amenazas a la vida marina.

Durante la investigación, el 42% de las crías de coral transcaribeño sobrevivieron al menos seis meses, la tasa de supervivencia más alta jamás alcanzada en esta especie en peligro de extinción.

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