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Viven entre la necesidad y la pérdida en Punta Santiago

Residentes de una de las zonas destruidas en Humacao afrontan con temor una nueva época ciclónica

Punta Santiago

Humacao – Cuando Alba Nydia Catalán Rivera caminaba junto a un grupo de ciudadanos que abría caminos en la devastada zona de Punta Santiago, en Humacao, luego del arrasador paso del huracán María, su corazón sentía miedo. Ese sentimiento se disipó por un instante cuando pudo ver la fachada de su casita de madera, la cual había sido su hogar durante sus 50 años de vida. Eso le dio paz, hasta que insertó la llave y abrió la puerta, entonces el mundo a su alrededor se vino abajo.

“Cuando llegué al frente de mi casa y vi que todavía estaba una virgencita, un Cristo y una cruz que tenía y dije: ‘¡Wow! Dios, gracias porque me salvaste la casa’, pero cuando meto la llave, (el huracán) se había llevado todo. Solo pude salvar la nevera que tenía solo seis meses de haberla comprado”, rememoró Catalán Rivera

“En la casa de mi hija, que está ahí al lado y era de cemento, también se perdió todo. Incluso las cosas del bebé porque ella estaba embarazada en ese momento. En los 50 años que llevo aquí jamás había visto cosa igual. Eso fue un monstruo que nos arrebató todo y a mucha gente les arrebató la vida porque se quedaron aquí”, añadió.

Ese día, Alba lo recuerda como si fuese ayer, pues esa triste realidad la sigue viviendo a diario. No se ha disipado el sentimiento de pérdida, pues su vida no es la misma desde que perdió su hogar. No obstante, esta mujer de 50 años, quien padece de la enfermedad de Crohn y de colitis ulcerosa, condiciones que se han agravado por su estado emocional, trata de recuperarse del difícil golpe.

Actualmente, la humacaeña vive en una cuarto prestado por una vecina en lo que su residencia y la de su hija van poco a poco tomando forma al otro lado de la calle. Y, cuando su salud se lo permite, se enrolla las magas y cruza a ayudar en la reconstrucción de su casita luego de recibir asistencia de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA) tras apelar una primera determinación de esa agencia.

Otra vida trastocada por el huracán fue la de don José Guillermo Ortiz Pizarro, mejor conocido como “Tato”, un caballero de pocas palabras, quien aún se encuentra viviendo bajo toldos azules porque el huracán le arrebató lo que con esfuerzo había conseguido.

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