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Yaucromatic: arte público contra la invisibilidad

El macromural Brisa Tropical tiene múltiples propósitos, pero solo uno medular: devolverle al país una comunidad vibrante, marginada por la sociedad y el tiempo, que conserva en cada vivienda a gente alegre e intrínsecamente hospitalaria.

Yaucromatic

Hasta el pasado domingo habían empleado cerca de 100 galones de pintura, reclutado a un batallón de vecinos y destinado sobre 1,800 horas de labor a la tarea.

Y el resultado excedía todos los pronósticos de la comunidad Cantera en El Cerro de Yauco.

“Es impresionante lo que pueden lograr tantos colores y una tarea colectiva”, confesó Sara Nazario Belén, una de las voluntarias que se arrimó al vecindario para ayudar. “Es maravilloso. Hay más unidad, compañerismo y alegría. Y todo eso, (provocado) por una paila de pintura”, planteó con simpatía.

Mientras dialogaba, otra vecina sonriente daba retoques a una pared de amarillos, verdes y rojos intensos, mientras a la espalda tres trabajadores gritaban entusiastas y con rolos en mano al fotoperiodista que caminaba absorto por el laberinto entre viviendas del callejón Eugenio Sánchez López.

Por esa empinada calle también subía y bajaba sin parar un obrero de 24 años que se ha ganado el afecto y respeto de todos, sin ser inquilino o cartero del barrio. Se llama Samuel González Rodríguez, un joven arquitecto de Manatí que -aunque no lo aparenta- es el genio detrás del macromural Brisa Tropical, el proyecto multicolor que ya deslumbra al casco urbano yaucano.

Distinguirlo entre la gente no fue tarea difícil. Llevaba en su diestra un rollo de cinta adhesiva y vestía un mameluco azul añil con más rastros de pintura que una obra impresionista de Renoir.

Pero de inmediato, en la tertulia, demostró por qué lo buscan y quieren tanto. Como explicó, Brisa Tropical tiene múltiples propósitos, pero solo uno medular: devolverle al país una comunidad vibrante, marginada por la sociedad y el tiempo, que conserva en cada vivienda a gente alegre e intrínsecamente hospitalaria que nunca ha renunciado al carisma del puertorriqueño innato. Ese siempre cándido y amable.

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